Alerta roja en la Ciudad de la Coronafuria: inminente colapso del sistema de Salud porteño

Las unidades de terapia intensiva de los hospitales no dan abasto, con ocupaciones de camas que en varios casos superan el 90 por ciento. La saturación es general, pero el escenario es más grave en el sector privado, que es en donde se atienden el 80 por ciento. Reclaman medidas urgentes.
 
La segunda ola ya es un hecho y la Ciudad de Buenos Aires comienza a sucumbir ante sus primeras señales. A menos de un mes de haber comenzado el otoño, las unidades de terapia intensiva de los hospitales porteños no dan abasto, con ocupaciones de camas que en varios casos superan el 90 por ciento. Los principales sanatorios del sector privado, como el Güemes, el Alemán y el Italiano, ya están colapsados. En el caso del sector público, contrario a lo que sostienen los números oficiales del gobierno porteño (que acusan una ocupación de solo el 44 por ciento), son varios los hospitales que no tienen camas disponibles. Pacientes internados en sillones debido a la ausencia de camas, cirugías suspendidas, infectados que son trasladados a otras jurisdicciones y guardias explotadas: les profesionales de Salud consultados por este diario coinciden en que, fuera de todo tremendismo, el panorama es angustiante. «Esto estalló, estamos colapsados en serio», repiten, con aprehensión, mientras el reporte diario del Ministerio de Salud señala que, una vez más, la Ciudad de Buenos Aires registró su récord de contagios, con 2691 casos nuevos.

La saturación es general, pero el escenario es más grave en el sector privado, que es en donde se atienden el 80 por ciento de les habitantes de la Ciudad de Buenos Aires. Clínicas como el Sanatorio Güemes, el Hospital Italiano, el Otamendi, la Trinidad, el Hospital Británico o el Mater Dei tienen una ocupación superior al 95 por ciento, según datos recabados por la Unión Argentina de la Salud (UAS). Esto significa que los hospitales privados prácticamente no tienen espacio de maniobra para hacer lugar a la demanda creciente de camas de terapia intensiva, no solo para los casos graves de coronavirus, sino que tampoco tienen disponibilidad para absorber cualquier tipo complicación que requiera internación. «El Güemes tiene una ocupación del 100 por ciento. La situación se complicó porque, como la mayoría de los privados, el sanatorio abrió todo durante el verano y se llenó de pacientes con patologías comunes. Se colmó la capacidad con esos pacientes y ahora, frente a la explosión de la segunda ola de casos de covid, te encontrás con que no hay lugar para internar», explica Fernando Araneo, médico del Sanatorio Güemes y Prosecretario Gremial de la Asociación de Médicos de la Actividad Privada (AMAP). «Literalmente no hay lugar en Capital Federal para conseguir una cama. Si vos te infartás ahora no vas a conseguir una cama», asegura.

 

Este problema se repite en la mayoría de los hospitales privados. Una vez superado el momento más álgido de contagios, muchas de las clínicas readecuaron durante el verano las unidades que habían sido transformadas en salas para la atención de casos graves de covid. Unidades coronarias o de trasplante, neonatologías o salas de internación para pacientes crónicos: las clínicas adaptaron varias de sus alas a las necesidades más urgentes de la pandemia, pero una vez superado el pico de contagios, las readecuaron y las colmaron de pacientes con patologías comunes. Luego, cuando empezaron a incrementarse aceleradamente los casos, gran parte de las camas ya estaban cubiertas. «Tenemos una compañera que se jubiló hace poco y necesitaba urgentemente entrar en terapia intensiva porque tenía una infección pulmonar grave. Como toda la terapia estaba ocupada, en gran medida debido a operaciones programadas, terminó en una sala general con respirador artificial», relata César Latorre, delegado del Hospital Italiano. Ese es un ejemplo menor. «La semana pasada fui a auxiliar a una mujer de 68 años que tenía un paro cardiorespiratorio. La señora hace dos días que estaba en su domicilio con Covid positivo esperando que su obra social la internase. Cuando llegué la señora estaba muerta», cuenta a este diario un trabajador de un servicio de atención médica.

«En el Hospital Alemán hay personas internadas en sillones porque no consiguen camas donde dejarlos. En el Anchorena están suspendiendo cirugías. En el Güemes tenemos pacientes críticos internados en la guardia porque no hay lugar para colocarlos en terapia intensiva. En el Naval están hablando de utilizar las terapias de pediatría como internación de adultos. La situación se repite en todos los centros privados de la Capital. El sistema de Salud no da abasto», advierte Araneo, cuyo gremio elaboró también un relevamiento sobre los niveles de ocupación de las clínicas privadas y se encontró con que gran parte superaba el 90 por ciento. La situación se repite en las empresas de medicina prepaga y obras sociales. En el caso de Swiss Medical, por ejemplo, se resolvió comenzar a derivar a algunos pacientes de baja complejidad a hoteles. Osde, por otro lado, está derivando a sus pacientes de Capital a sanatorios del conurbano.  

En el sistema sanitario público la situación es similar. «Estamos a un paso del colapso. Toda esta última semana estuvimos cortando clavos con los pacientes graves porque había días que no teníamos ni una sola cama libre. Si alguno hubiese empeorado no hubiésemos tenido donde meterlo. Nos salvó San Muñiz esta vez, pero preferiríamos no tener que recurrir tanto a él», describe, con ironía, el subdirector del Hospital Muñiz, Juan Carlos Cisneros. El Muñiz cuenta con 44 camas de terapia intensiva, 34 de ellas están destinadas al covid y las 34 se encuentran ya ocupadas. Según cuenta Cisneros, el gobierno de la Ciudad anunció que habilitaría 10 nuevas camas de terapia, pero el problema es que resulta muy difícil encontrar terapistas que las atiendan. «Los privados están ofreciendo mucho más dinero para conseguir terapistas. Y no podes pedirles a los médicos que ya tenés, que están física y mentalmente agotados, muchos más sacrificios», explica, y advierte: «Esta situación es generalizada. Estamos al borde del colapso. Si en este momento llegase un barco con 100 pacientes, 80 se nos mueren en la calle».

Mientras tanto, el gobierno porteño muestra otra realidad. Según los números del Ministerio de Salud de la Ciudad, sólo el 44 por ciento de las camas del sistema de Salud público se encuentran ocupadas. Los especialistas dudan. «Esto está explotado. No somos solo dos loquitos sueltos que andamos sembrando miedo. Las sociedades científicas, los referentes de las principales prepagas, el gobierno bonaerense: todos coinciden en que es casi una quimera conseguir una cama. La única visión diferente es la del gobierno porteño, que ofrece números que parecen fantasiosos. Nadie que haya visitado un hospital público o privado puede tener esa visión», dispara, enfático, el reconocido médico intensivista, Arnaldo Dubin. PáginaI12 intentó comunicarse con el Ministerio de Salud porteño sobre la diferencia en los números pero no hubo respuesta. (Fuente: Página 12)

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