El Gobierno oscila entre los acuerdos de coyuntura y las peleas de fondo con la oposición antes de los comicios de octubre

La Casa Rosada despliega un doble juego en el año electoral. Discurso duro y diálogo con los sectores moderados. En la oposición coinciden en que su objetivo es “dividir”.

En un doble juego en el año electoral, en el marco de la pandemia y frente a la crisis económica, el Gobierno insiste con la embestida contra los sectores duros de la oposición -a través de fuertes críticas y presentaciones ante la Justicia ejecutadas desde el Estado y el Congreso- mientras se acerca a los sectores dialoguistas de Juntos por el Cambio para buscar acuerdos por temas económicos, sanitarios y electorales. Del otro lado, en la coalición opositora las miradas oscilan entre la predisposición, la desconfianza y el enojo, aunque hay consenso en que uno de los objetivos del oficialismo es “dividir”.

En la Casa Rosada se desligan de las medidas judiciales que afectan al ex presidente Mauricio Macri, justifican la querella criminal por la toma de deuda de 44 mil millones de dólares y aseguran que las declaraciones contra los “halcones” son respuestas a ataques previos. No creen que estos dichos y hechos afecten las conversaciones con las “palomas”. En cambio, confían en los intereses políticos y administrativos en común.

Este año, buena parte de la campaña girará en torno al eje de la pandemia. Los ojos estarán puestos en el manejo del oficialismo de la situación sanitaria; y en el aporte de la oposición. En el Gobierno defienden el reciente viraje hacia restricciones más duras por la suba de casos y negocian medidas con los gobernadores de la oposición, pero contraatacan a los sectores más críticos de la UCR, la CC y el PRO.

El jueves, luego de la reunión de la mesa de Juntos por el Cambio que terminó en un comunicado muy duro contra por las nuevas medidas sanitarias, Alberto Fernández llamó “imbéciles” a los dirigentes que apuntan que existe un “interés político” en la postergación de las PASO. Entre los líderes opositores que habían hecho señalamientos contrarios a las intenciones del oficialismo para realizar las elecciones primarias en septiembre se encontraba la presidenta de PRO, Patricia Bullrich.

Los principales dirigentes de la oposición en la mesa nacional de Juntos por el Cambio, el martesLos principales dirigentes de la oposición en la mesa nacional de Juntos por el Cambio, el martes

En el Gobierno mantienen la estrategia de ataque a los opositores duros, pero los distinguen de los dirigentes dialoguistas, a quienes apuntan para cerrar pactos que los ayuden a lidiar con la complicada coyuntura. Aseguran que “todos los puentes están rotos” con los dirigentes más críticos del Gobierno. “¿Cómo vamos a dialogar con una mujer que viajó a Formosa con 500 personas y se vistió de presa?”, ironizó, sin nombrar a Bullrich, una fuente de Balcarce 50. En un lugar alto de la lista de gestos de la oposición con los que justifican el enfrentamiento ubican las denuncias por envenenamiento de las vacunas y las puestas en duda de la efectividad de la Sputnik V.

En paralelo, esta semana el Procurador del Tesoro de la Nación, Carlos Zannini, rechazó la propuesta de pago de la deuda del Correo Argentino presentada por la familia Macri e hizo un pedido de quiebra de la sociedad, en el marco del concurso de acreedores abierto por la jueza Marta Cirulli. Zannini es una las principales espadas jurídicas de la vicepresidenta Cristina Kirchner y Macri consideró la medida como un “atropello” y una “persecución ilícita”. El ex secretario de Medios Públicos, Hernán Lombardi, salió a defenderlo y habló directamente de “persecución política” en su contra. El resto de los dirigentes opositores se mantuvo en silencio.

Al día siguiente, el presidente Alberto Fernández respaldó la decisión y negó la acusación del ex mandatario en una de las entrevistas que brindó durante su aislamiento por coronavirus, por radio El Destape. Y el viernes, el ex ministro de Justicia de Mauricio Macri, Germán Garavano, y la ex diputada Paula Bertol enviaron una carta a la Organización de Estados Americanos (OEA) donde denunciaron “el deterioro institucional que sufre nuestra democracia, amenazada por hechos que avasallan la independencia judicial y buscan la impunidad violando la Constitución y los Derechos Humanos”.

El documento, informaron cerca de los ex funcionarios, había sido elaborado “hace meses”, pero se presentó poco después del revés del ex presidente. “Macri no va a buscar que Juntos por el Cambio saque un comunicado para defenderlo. Pero lo conversa en privado con los dirigentes de más confianza y obviamente es una de las variables políticas de un acuerdo con la oposición”, dijo una fuente cercana al fundador del PRO.

En los sectores duros aseguran que “lo del Correo y los insultos del Presidente todo lo que hacen es condicionar la atmósfera para una negociación por otros temas”. “En la historia del derecho comercial no se debe haber rechazado nunca un pago del 100 por ciento de la deuda. El Gobierno no se lo esperaba, y aún así, lo rechazaron”, señalaron.

Mauricio Macri con intendentes bonaerensesMauricio Macri con intendentes bonaerenses

En la Casa Rosada se desligan de la decisión de Zannini y no creen que pueda complicar el diálogo con los sectores moderados, principalmente los dirigentes “con responsabilidad de gestión” y los legisladores “con roles institucionales”, con el jefe de Gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta, y los diputados Cristian Ritondo y Mario Negri a la cabeza. “Son cosas que van por carriles distintos”, opinó una fuente del oficialismo nacional en diálogo con “con con Horacio Rodríguez Larreta, Cristian Ritondo y Mario Negri a la cabeza. “Son cosas que van por carriles distintos”, opinó una fuente del oficialismo nacional en diálogo con Infobae.

Mientras tanto, los dirigentes moderados se sientan a conversar con el Gobierno y evitan referirse a la causa por el Correo, que consideran “un tema personal” del ex presidente. Pero ven una eventual complicación en la decisión del Gobierno de llevar a cabo los planes adelantados por Alberto Fernández con respecto a la toma de deuda en su discurso de apertura de sesiones legislativas ante el Congreso.

El viernes, el Presidente instruyó a Zannini para que se constituya como querellante en representación del Estado en la causa que investiga si existió “administración fraudulenta y defraudación contra la administración pública” por parte del ex presidente Mauricio Macri y otros funcionarios en el endeudamiento del país con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

En los sectores dialoguistas, pero también en el ala dura de la oposición, aseguraron que esta medida podría afectar el pacto que impulsa -por ahora, en diálogos informales- el diputado nacional Máximo Kirchner con los dirigentes “con vocación de liderazgo” presidencial, María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta. Desde los entornos de ambos líderes opositores admiten conversaciones, aunque aseguran que no recibieron una propuesta formal.

Frente a las embestidas y las propuestas del Gobierno, en la heterogénea oposición hay desconfianza y diversidad de miradas sobre la postura a tomar. En el ala más dura de la oposición apuntan que las medidas contra Mauricio Macri en la Justicia Comercial y contra el anterior gobierno por la toma de deuda con el FMI son una forma de “venganza”, pero también una estrategia política para “levantar” la imagen del ex presidente con el fin de fragmentar a la coalición opositora. En la Casa Rosada lo niegan: “El Procurador del Tesoro actuó como le correspondía a su rol, y la denuncia del Estado por la toma de deuda tiene todos los argumentos posibles que la respaldan”, aseguró un funcionario.

En la Casa Rosada, con discursos vehementes en público y en privado contra Mauricio Macri, niegan que el objetivo del oficialismo sea dividir a la oposición antes de las elecciones y apuestan a que florezcan los acuerdos. Por ahora, hay avances en la postergación de las PASO y aceptación, aunque con reparos, a las medidas sanitarias, mientras los diálogos por la deuda con el FMI se mantienen subterráneos pero en marcha. Faltan cuatro meses para las elecciones y los necesarios acuerdos conviven con la estrategia de polarización que se sigue regando desde ambos extremos del espectro político. (Fuente: Infobae)

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