El trasfondo político del DNU del Gobierno para abrir la puerta a las vacunas de Pfizer, Moderna y Johnson & Johnson

El Poder Ejecutivo avanza en las negociaciones con los laboratorios y autoridades de Estados Unidos. La intención es llegar a un acuerdo y volcarlo en un decreto de necesidad y urgencia pero faltan detalles

 

El Gobierno Nacional busca, desde hace semanas, encontrar un camino para lograr tres objetivos vinculados con las vacunas contra la covid, todos con trasfondo político: que lleguen a la Argentina los aproximadamente dos millones de dosis que Estados Unidos está dispuesto a donar y que sería un desplante a Washington no recibirlas; acceder a las vacunas de Pfizer y Moderna esencialmente para usarlas en menores de edad -aunque ya hay otras alternativas- y terminar con las polémicas, planteadas por la oposición y los grandes medios, alrededor de la provisión de vacunas de origen norteamericano. Hay un cuarto objetivo, más sanitario: es ampliar la gama de vacunas, en especial porque nadie sabe lo que depara el futuro. En Estados Unidos rige un fondo de garantías que cubre los posibles juicios para todas las vacunas, no sólo para las del coronavirus, y lo que anunció Vilma Ibarra es que el DNU establece un fondo de garantías que afrontará los reclamos de cualquier particular que exija una reparación por una muerte o daños a la salud supuestamente provocados por la vacuna. El próximo paso a dar es la firma de los contratos, algo que está en marcha. Y la versión en Washington, después de intensas reuniones con las empresas y el Departamento de Estado, es que el texto del DNU firmado por Alberto Fernández tiene ya el visto bueno de todas las partes, por lo que se avanzará en los acuerdos. .

El Ejecutivo eligió el camino del DNU por la velocidad y por todos los detalles a incluir, en especial relacionados con las garantías e inmunidades. Reformar la ley implicaba no sólo un debate en Diputados sino también en el Senado y, además, estaba claro que no alcanzaba solamente con sacar la palabra negligencia. Habrá que ver el texto que se publicará en el Boletín Oficial, porque Ibarra adelantó que tiene muchas precisiones incluyendo el uso del concepto de dolo y las pruebas que requerirán para accionar contra los laboratorios y el estado. Todo fue trabajosamente elaborado tras reuniones por Zoom en las que participaron Vizzotti, la asesora presidencial Cecilia Nicolini, Vilma Ibarra, el embajador argentino en Washington, Jorge Argüello, representantes de los laboratorios y del gobierno de Estados Unidos. El presidente -con larga experiencia en la cuestión jurídica de estos contratos- fue aprobando o desaprobando las distintas alternativas.

En realidad, la Argentina ya tiene vacunas más que suficientes para inmunizar a toda la población adulta y deberá multiplicar los métodos y los vacunatorios para aplicar todas las dosis que van llegando. Vizzoti dijo en la conferencia de prensa que este jueves se batió el record y se vacunaron 402.000 argentinos en un día, casi el uno por ciento de la población, o sea el mismo nivel que tuvo Estados Unidos en sus días más intensos de vacunación.

La cantidad de vacunas es tan grande que ya hay funcionarios de las provincias que se quejan porque la vacuna Sputnik V, que se almacena a -17 grados, resulta incómoda desde el punto de vista logístico. Más complicado todavía es el manejo de Pfizer a -70 grados, aunque el laboratorio está entregando las dosis en conservadoras especiales, es decir que ya no requieren ultra-freezers porque en las conservadoras las vacunas se mantienen alrededor de cinco días. Aún así, la logística se complica, sobre todo cuando el objetivo de la Argentina es salir casa por casa, con heladerita, para vacunar a los que faltan en los barrios más humildes, aquellos en los que hay poca conectividad para pedir y recibir turnos.

Las cuatro razones de la movida 

del Poder Ejecutivo

  • Washington decidió donar 80 millones de dosis a distintos países. Una parte -serían dos millones- tendrían como destino la Argentina. Pero son vacunas norteamericanas con las que ahora hay que formalizar los contratos de garantías e inmunidad: Pfizer, Moderna, Johnson & Johnson. Lo que se busca es terminar con el argumento de que la Argentina obstaculizó una donación de vacunas de Estados Unidos. Pesa mucho la relación con Washington.
  • La segunda razón tiene que ver con la aplicación pediátrica de las vacunas Pfizer y Moderna. La primera es la que más se instaló internacionalmente para aplicarse en menores, pero Moderna avanza a toda velocidad hacia la aprobación. Sin embargo, también aquí pesa la política. Sinopharm, que se aplica a menores en China, es casi seguro que estará aprobada en un mes también en la Argentina. Y lo mismo sucede con las cubanas Soberana y Abdala, con la Sputnik V y otras. De manera que el país dispondrá de millones de dosis para los chicos entre 3 y 18 años, que de todas maneras recién serán vacunados en agosto o septiembre, después de todos los mayores, que son los de riesgo. Hay una franja, los menores con comorbilidades, que -según los especialistas, sería bueno que se vacunen con Pfizer. Son unos 300.000. Y, además, Vizzotti mencionó que no es lo mismo vacunar a adolescentes de 11 a 17 que a bebés de meses hasta chicos de 10.
  • La tercera razón es sólo política. Terminar con el debate con la oposición que siempre le hace de coro a las posturas de Washington. Es público y notorio que no hay una cuestión ideológica porque la Argentina hoy aplica masivamente la vacuna de Oxford-AstraZeneca, que es de origen británico. Pero la oposición ha enarbolado la bandera de Pfizer y la idea es terminar con esa controversia. Por supuesto, que los grandes medios y la oposición ya encontrarán otras objeciones.
  • Finalmente, entra en juego una razón que casi sería la única no-política: nadie sabe lo que depara el futuro ni cuántas veces habrá que vacunar ni qué vacunas se requerirán frente a nuevas variantes. Por lo tanto, no es mala estrategia tener toda las vacunas posibles.

La negociación con los laboratorios y los fuegos artificiales

Si la negociación del Gobierno con los laboratorios norteamericanos concluye bien y se suprimen las cláusulas más leoninas -como la garantía de los bienes soberanos-, con el DNU aprobado se avanzará hacia la firma de los contratos. Hay un paso previo a la llegada de dosis que son las aprobaciones de la Anmat. Por ahora, tiene el ok sólo la de Pfizer, cuyos mejores resultados de Fase 3 se consiguieron en la Argentina, en el estudio que encabezó en el Hospital Militar el médico argentino Fernando Polack. Una vez aprobadas Moderna y Johnson&Johnson podrán empezar a llegar las remesas. Según las fuentes norteamericanas los laboratorios ahora tienen cantidades suficientes para enviar. En las negociaciones no dijeron cuántas, pero hablaron de “muchas”. Da la impresión, por los tiempos que requieren los contratos y las aprobaciones, que las primeras partidas podrían llegar en agosto.

Mientras tanto, los grandes medios tratan de poner el foco en el DNU y la negociación con los laboratorios norteamericanos para tapar un poco la realidad de fondo: la Argentina está recibiendo millones de vacunas y, si no aparecen inconvenientes, a fin de mes estarán vacunados, al menos con una dosis, la totalidad de los mayores de 18 años del país.

Además, el índice de rechazo es bajísimo: se inscribieron para vacunarse casi el 85 por ciento de los adultos. Es uno de los índices de rechazo más bajos del mundo. Y eso que decían que las vacunas que traía la Argentina eran veneno.

(Fuente: Página 12)

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