En el PJ bonaerense imaginan distintos escenarios para los comicios del 2019

Panorama político

“Ninguno de nosotros quiere terminar yendo a esperar una hora en el Instituto Patria para besarle el anillo a Cristina”. La confesión surge de la boca de uno de los intendentes que más activamente busca una unidad que llegue sin sometimiento. Y es compartida por sus pares en el Conurbano y en el Interior.
Los mismos cálculos hacen todos. Los 35 intendentes peronistas que no forman parte del círculo íntimo de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner y que quedan atrapados entre la posibilidad de que Vidal arrase y arrastre dentro de un año medio, mientras el kirchnerismo los tiene, una vez más, de rehenes.
Los síntomas son evidentes: Cambiemos ya tiene definido que buscará reelegir a Macri, a Vidal y a Rodríguez Larreta. Mientras tanto, La Cámpora vuelve a aparecer por los barrios y desafía la territorialidad del peronismo. Un síntoma de las tensiones se patentó esta misma semana: mientras la conducción del PJ Bonaerense buscaba un acercamiento estratégico al sector agropecuario, La Cámpora volvió a bombardear con la retórica de la 125.
Hubo una sincronía tan fina que más de uno pensó en sabotaje. Casi al mismo tiempo en que Menéndez y Gray llegaron a Expoagro a tender puentes, el “Cuervo” Larroque hablaba de la 125 como un intento de restauración oligárquica con ribetes golpistas. Ese dato, sumado a las cada vez más seguidas intervenciones de Máximo K en la Provincia hacen temer lo peor.
Lo peor es, en este escenario, que la consigna “Hay 2019” se transforme en un verdadero sarcasmo. Que Cristina y su círculo, dentro del Patria, barajen la opción de pasar este turno electoral con “ella” al tope de la boleta, pero no para ganar sino para mantener una nutrida tropa legislativa. Y que en 2023 Máximo complete la faena. Sería una suerte de retoque de la alternancia que Néstor y la propia Cristina pensaron como método para llegar hasta 2019.
Para evitar la encerrona, son varios los intendentes que se devanan los sesos haciendo cálculos. Los más osados piensan en un combo novedoso: boleta única y partidos vecinales, dos herramientas que, combinadas, prometen dotar de autonomía al votante para que las estructuras y los candidatos “de arriba” pesen menos que los nombres y las gestiones locales.
La idea de construir un peronismo vecinalista es pragmática pero también abraza la vocación de construir con más firmeza el poder en los territorios, con una mirada más atenta de parte de los jefes, sin las «distracciones» de las listas de legisladores ni la puja por cargos ejecutivos de más alto nivel.
(Fuente: Infocielo)

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