Lavarse las manos 100 veces por día o limpiar dos horas un cartón de leche: se disparan los TOCs por el coronavirus en Argentina

El avance de la pandemia

Es gente que ya tenía el trastorno y se le incrementó por el temor a los contagios. Los expertos explican que “tienen rituales de aseo y el límite en ellos está borrado”

llega a lavarse las manos 100 veces por día. Juan Manuel pasa dos horas (literal) limpiando un cartón de leche con lavandina. Pablo decidió que lo mejor era dejar cinco días en un rincón la comida que le traen del almacén aunque eso implique que algunos productos se pudran. Julieta mete una y otra vez la ropa en el lavarropas porque nunca llega a sentir que está realmente limpia. Así pasa sus noches de insomnio. Teme contaminarse, tener coronavirus.

El virus, que preocupa al mundo, complicó bastante a aquellas personas que ya padecían trastornos de ansiedad y trastornos obsesivos compulsivos (TOCs). «Tenemos muchos pacientes que estaban por recibir el alta y tuvieron recaídas. Otros a los que hubo que aumentarles la medicación. Con la pandemia, algunas de las personas que atendemos pasaron de tener una sesión por mes a una semanal», explica a Clarín Enzo Cascardo, director médico del Centro de Investigaciones Médicas en Ansiedad IMA. Dice que también aumentaron las consultas. «Llaman aquellos que necesitan el tratamiento o sus familiares», señala.

El 30% de la población tuvo, tiene o va a tener un trastorno de ansiedad, asegura Cascardo. «El trastorno de ansiedad generalizada (TAG) es el más prevalente. Tiene que ver con la preocupación excesiva y la intolerancia a la incertidumbre. Por esto, frente a la pandemia, los cuadros se reagudizan», detalla el psiquiatra que es presidente de la Asociación Argentina de Trastornos de Ansiedad. «Es gente que sobreestima la probabilidad del contagio. Además, realizan una hipervigilancia corporal y ante un poquito de tos ya piensan que se infectaron con coronavirus», sostiene.

Son personas que con la pandemia se sobreinforman para «llevar agua para su molino». «Se quedan con todo lo que confirme sus preocupaciones», afirma.

Los claustrofóbicos, o con miedo al encierro, la están pasando muy mal en este contexto. Los que tienen agorafobia, que es un temor no solo a los espacios abiertos sino a aquellos lugares de los que creen no poder escapar, sienten el efecto protector del hogar. Sin embargo,  sufren mucho más que el resto cuando tienen que salir, según el experto. En cambio, aquellos con fobia social son los únicos a los que el aislamiento los benefició. «Es gente que normalmente se comunica en forma virtual. Por eso, frente a esta situación en la que todos estamos actuando como ellos, se sienten uno más», agrega Cascardo.

Los que padecen TOC de contaminación también están sufriendo la pandemia. «Había pacientes que venían logrando lavarse las manos solo cinco veces por día. Ahora pasaron a 70. Tienen rituales de aseo y el límite en ellos está borrado. Repiten muchísimo estas conductas. Más con la pandemia», sigue el psiquiatra.

También están teniendo dificultades con aquellos que tienen TOC de simetría. «Están encerrados en la casa, se ponen más obsesivos y empiezan los problemas con sus convivientes, que no están acostumbrados a compartir tanto tiempo el mismo espacio y las exigencias en relación al orden», suma Cascardo.

Florencia Puccio, que es psicóloga y atiende en un 90% a pacientes con TOC, cuenta que todos ellos empeoraron a partir del surgimiento del Covid-19. «Es que uno de los principales temores de los que tienen TOC está vinculado a la contaminación por virus o bacterias y a padecer enfermedades. En general, se trata de un miedo infundado. Pero ahora coincide con un hecho real«, advierte Puccio. Y aclara que si bien hoy hay un riesgo, el que sufre TOC lo sobreestima: «Tengo una paciente que se lava las manos entre 190 y 200 veces por día».

Puccio, que es especialista en trastornos de ansiedad y TOC, explica que en sus pacientes entran en juego ideas obsesivas y compulsiones. Conductas que llevan adelante en forma reiterada para calmar una idea. «Tienen una predisposición o vulnerabilidad genética y un aspecto ambiental o de crianza. Además, suele haber un evento desencadenante, como un factor de estrés», aporta.

«Ves que yo tenía razón», cuenta Puccio que le dicen sus pacientes después de escuchar que los noticieros les hablan de un virus mortal, de que hay que limpiar todo e higienizarse. «Intento ayudarlos a entender que es cierto que hay que cuidarse pero no en exceso. Les pido que no se adelanten, les digo que es algo transitorio. Intento que noten la diferencia entre lo funcional de lavarse las manos y lo compulsivo de hacerlo hasta lastimarse la piel», suma la psicóloga. (Clarín – Por Paula Galinsky)