Macri capitaliza el apoyo del Fondo Monetario y de las principales potencias del mundo

Se abrió la puerta que conecta el despacho con el comedor presidencial, un amplio salón que da al contrafrente de la Casa Rosada. Por allí pasó Mauricio Macri y tras intercambiar unas palabras con sus colaboradores, se percató de que había un problema de organización: no estaban en su sitio las copas para brindar por el Día del Periodista. Entonces encaró hacia la cocina y las reclamó personalmente. De inmediato aparecieron los mozos con las bandejas colmadas de copas.
La escena tuvo lugar el jueves pasado, el mismo día en que el Fondo Monetario Internacional anunció que otorgaría a la Argentina un préstamo “stand-by” por 50.000 millones de dólares, un monto superior al esperado, tal vez como una manera de evitar que la crisis de financiamiento se desparrame entre los países emergentes.
Al momento del brindis con los periodistas de medios acreditados en la Casa Rosada, entre ellos EL DIA, Macri esperaba novedades de Washington.
PRAGMATISMO
Unas pocas horas más tarde las tuvo y respiró aliviado, ya que con semejante paraguas financiero el Gobierno entiende que le hará frente a las turbulencias de los mercados en lo que resta del mandato presidencial.
Eso sí, la decisión de Macri de acudir al FMI estableció un compromiso del país con ese organismo que excede el plazo para el que fue votado el mandatario. Por caso, el préstamo comenzará a devolverse a los 39 meses del primer desembolso, que será en julio.
Pero como hizo con las copas para el brindis, Macri resolvió con pragmatismo mientras sus que sus funcionarios no mostraron la reacción necesaria frente a una situación inesperada. Ahora el Gobierno tendrá que embarcarse en un severo ajuste de las cuentas públicas –se estima que deberá reducir unos 200.000 millones de pesos del Presupuesto 2019-, casi la mitad en obras públicas. Los recortes también afectarán los salarios estatales y los envíos a las Provincias.
AUMENTOS
El acuerdo con el Fondo también implicará la continuidad de los aumentos de tarifas en el sector energético, que no cesarán si es que el Gobierno quiere superar los controles trimestrales que harán los técnicos del organismo. Entre las consecuencias del pacto debe contarse además un aumento de la deuda externa y de sus intereses. Todo eso es lo que le cuesta al Estado argentino la fotografía que ayer retrató a Macri junto a la directora del FMI, la francesa Christine Lagarde.
¿Tenía el Presidente otro camino abierto para transitar? Él insiste en que no y por cierto que la diplomacia que desplegó desde que llegó a la Casa Rosada, en diciembre de 2015, le posibilitó un respaldo absoluto del primer mundo. Ayer mismo, en la reunión del G7 en Canadá, mantuvo una reunión con la canciller alemana Angela Merkel, dialogó con la premier británica Theresa May y fue homenajeado en una cena privada por el primer ministro canadiense Justin Trudeau.
A todos ellos, más el imprevisible presidente norteamericano Donald Trump, los recibirá Macri en noviembre en Buenos Aires, donde sesionará la cumbre de los líderes del G20 en el complejo Costa Salguero, rodeada de un operativo de seguridad cuya dimensión no fue vista nunca en la Argentina. Algunos funcionarios del Gobierno admitieron, por lo bajo, que el hecho de que el país presida este año el G20 fue determinante para que el FMI accionara con tanta celeridad.

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