Presiones contra la Justicia: un factor que agrava la crisis

La condena a Lázaro Báez desató un ofensiva contra los jueces que investigan a CFK por corrupción. Es el cuestionamiento más radical a uno de los poderes de la Constitución desde 1990.

Hay que remontarse a los alzamientos carapintadas de los años 80 y 90 del siglo pasado para encontrar un desafío tan contundente y radicalizado al entramado constitucional como el que protagonizó Cristina Kirchner la semana última.­

Lo hizo significativamente desde el banquillo de los acusados de un tribunal oral, agregando un nuevo factor de incertidumbre y de inestabilidad que conspirará en contra de una más rápida salida de la crisis en curso, que derrumbó la actividad económica y aumentó dramáticamente la pobreza y el desempleo.­

Lo ocurrido fue la primera consecuencia de la condena del presunto testaferro del kirchnerismo, Lázaro Báez, a 12 años de prisión por el lavado de más de 50 millones de dólares. Junto a Lázaro fueron condenados a penas de prisión sus hijos.­

El jueves, en un proceso que se le sigue por la venta de dólar futuro, la presidenta del Senado a la hora de defenderse practicó la invectiva. Aseguró que el Judicial es un poder «podrido y perverso» y estableció un paralelo entre sus miembros y los militares golpistas que usurparon sistemáticamente el poder constitucional entre 1930 y 1983.­

Los consideró un poder corporativo ajeno a la voluntad y soberanía popular. Con ese planteo no sólo los descalificó, sino que también les negó legitimidad, lo que abre un lógico interrogante sobre la aceptación de sus decisiones. Asegura que siempre se mantuvo a derecho, pero esas advertencias arrojan dudas sobre lo que hará en el futuro.­

No satisfecha con describir a los tribunales como un poder «de facto» e intentar deslegitimarlos, la vice les imputó además haber «contribuido» a que Mauricio Macri derrotara al peronismo en 2019 (tarea en la que también habría colaborado el FMI, según la tesis oficial) y los corresponsabilizó de todos los desastres económicos de las últimas décadas. En su criterio son cómplices de sus enemigos políticos quienes la juzgan por delitos ficticios. ¿Cómo aceptar su veredicto?­

En pocas palabras, una andanada de críticas e intimidaciones desde el ejercicio del poder político que, de prosperar, dañará la estabilidad de las instituciones y su ya maltrecha credibilidad.­

El Presidente también contribuyó con lo suyo a asediar a los jueces. En la inauguración de las sesiones ordinarias del Congreso lanzó la idea de un «control cruzado» en manos de los legisladores que responden en su mayoría a Cristina Kirchner. Un eufemismo por «les vamos a apretar las tuercas» que provocó una gran confusión. ¿Piensa aplicar a los jueces una «comisión de la verdad» como le aplicó el kirchnerismo a los militares?­

Después de una intervención en la polémica del inefable senador Parrilli tuvo que salir a aclarar el asunto la ministra de Justicia: esos mecanismos de control ya existen y cualquier invento al respecto sería inconstitucional. Resultado: la ministra quedó en la cuerda floja y hacia el fin de semana arreciaban los trascendidos sobre su renuncia.­

El beneficio político de esta jugada para el Gobierno es por lo menos dudoso. En primer lugar representó la autodetonación del albertismo, esa ficción periodístico/electoral que presentaba al actual Presidente como un moderado o una versión pasteurizada de las tendencias autocráticas de la vicepresidenta. Un kirchnerismo conciliador y de rostro humano; una «contradictio in adjecto». Pero la situación judicial de su jefa política se agravó hasta el punto de forzarlo a copiar el estilo combativo.­

Otra ficción que se terminó es la de un acuerdo con el FMI. El Presidente lo adelantó de manera explícita. Eso reforzará el aislamiento económico. Durante los próximos meses se «vivirá con lo nuestro», el sector privado no tendrá crédito y las inversiones serán a fuerza de emisión.­

La unidad del oficialismo también podría verse afectada. El silencio fue la respuesta de Sergio Massa respecto del giro del Presidente. De todas maneras los jefes territoriales del PJ no suelen salir de abajo del paraguas del poder central antes de que se produzca su derrota. Sólo después empiezan las «renovaciones» en el peronismo.­

El protagonismo de Cristina Kirchner no sólo fortalece nuevamente la polarización electoral; también impacta sobre Juntos por el Cambio. La capacidad del Presidente para abrir brechas en la oposición y seducir dirigentes de la UCR o del PRO se licuó en la práctica. En particular entre los que rechazan a Mauricio Macri y mantuvieron siempre los contactos abiertos con el peronismo, verbigracia, Nosiglia, Lousteau, Monzó, etcétera.­

Manifestación de esta tendencia fueron las críticas de Horacio Rodríguez Larreta a la eventual intervención de la Justicia desde el Congreso. El jefe de gobierno porteño perdió en su confrontación con el ala dura del macrismo y tuvo que cambiar de rumbo. Lo único que no cambia es su proyecto presidencial.

(Fuente:La Prensa/Sergio Crivelli)

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