Se cumplen 165 años de la primera farmacia de la Provincia que abrió en Chascomús

Farmacia Arenaza inaugurada en 1852

En medio de una pelea que parecía ganada ante la empresa Farmacity, que el gobierno actual pone en duda pese a los fallos reiterados de la justicia bonaerense, cabe rescatar una historia: hace 165 años, el 6 de agosto de 1852, abría la primera farmacia de la provincia de Buenos Aires, ubicada en la ciudad de Chascomús.
Un modelo de farmacia más cercano al que defiende hoy el Colegio de Farmacéuticos de la Provincia de Buenos Aires; y lucha para que no se derogue la ley 10.606, que regula el establecimiento de farmacias en la provincia y las considera como una extensión del sistema de salud.

Se trata de FARMACIA ARENAZA, la botica de Don Fernando de Arenaza, un inmigrante vasco que llegó primero a la Ciudad de Buenos Aires, y finalmente a Chascomús, donde estableció el antecedente de las 4.500 farmacias que actualmente tiene la provincia de Buenos Aires; ente ellas las 14 farmacias de la Filial de la ciudad de Chascomús, que también incluye a otras 2 de Lezama y 1 de Pila nucleadas por el Colegio de Farmacéuticos de Chascomús.
Luis Ferrari, presidente del Colegio de Farmacéuticos de Chascomús, destacó: “Es significativo que en este contexto, en el que estamos peleando para proteger un modelo de farmacia como servicio público en vez de que se imponga una modelo comercial que descuide el acceso al medicamento, a la salud, se cumplan 165 años de la primera farmacia de la provincia de Buenos Aires, y que esa farmacia se haya instalado en Chascomús”.
Según la revista LA BASKONIA, en nota firmada por Ignacio de Otazúa, de Arenaza era “nativo de las Cortes, ayuntamiento de Abanto en el valle de Somorrostro (España)…en 1844 pasó a estudiar la carrera de farmacia a Portugaleta…en 1851 vino a Buenos Aires, recomendado al señor Vicente Casares, el primer cónsul de España en la Argentina…se graduó de farmacéutico en el Tribunal de Medicina de Buenos Aires…trasladándose a Chascomús…en cuya población residió hasta pocos días antes de su enfermedad….”.
La FARMACIA ARENAZA estuvo ubicada en calle Crámer 106, donde hoy funciona Club House y donde funcionó durante muchos años La Botica, aunque previamente funcionó en una ranchería cercana hasta la construcción del edificio aparentemente. Estuvo abierta entre 1852 y 1910 y, de acuerdo a relatos gráficos, “fue testigo de los cambios de la medicina, desde la fórmula magistral hasta la aparición del medicamento específico. Es a comienzo del siglo XX y motivado por un imparable y arrollador proceso de industrialización, cuando se produce la aparición en el mercado de las especialidades farmacéuticas, dejando como actividad residual dentro de las boticas la preparación artesanal del medicamento. Esta circunstancia determinó un gran cambio en el aspecto de las farmacias desapareciendo de sus estantes los albarelos, las cajas de madera y demás recipientes destinados a contener medicamentos, con el fin de dejar el sitio libre a las especialidades farmacéuticas”.

Es que en sus comienzos, en FARMACIA ARENAZA, como el resto de las boticas, “se dispensaba los medicamentos, se almacenaban los elementos medicinales albergados en diversos recipientes: cajas de madera, botes de loza y porcelana, frascos de cristal, etc, mientras que el laboratorio, instalado en la rebotica y de espaldas al público, era donde se elaboraba el medicamento y, por tanto, en él se encontraba todo el utillaje necesario para esta actividad: destiladores, matraces, retortas, moteros, balanzas, pildoreros, etc…pero además las boticas eran lugares de reunión, de tertulias tradicionales, donde el médico, el sacerdote, el político, el artista se unían en interminables charlas, muchas de las cuales dieron origen a sociedades científicas y literarias”.

En tal sentido, en trabajo escolar realizado más de 30 años atrás por la tataranieta de quien fuera cónsul de España en Chascomús durante 22 años e hiciera de mediador junto a Don Julián Quintana en la Revolución de 1893, Paula de Arenaza, puntualizó que “en 1902, al cumplir años (50), Fernando de Arenaza lo festejó a la usanza de entonces: hizo repartir carne y pan a los pobres y donó una vaca carneada y galleta para los huérfanos de El Recreo; además el día del aniversario preparó todas las recetas gratis, y fue efusivamente felicitado. Esta farmacia, años después, estuvo a cargo de Juan Sagastume, poseedor del título de químico farmacéutico…”.
Josi Redruello, fue el arquitecto de Chascomús responsable de la restauración del edificio denominado La Botica, donde hoy funciona el pub Club House, y antes FARMACIA ARENAZA, pero que también supo ser la fonda Don Cantino, un hotel y la mueblería La Económica. Contó algunos detalles de los elementos que se encontraron en la labor encargada por los actuales dueños del lugar, el matrimonio Carlos y Elisa Calzadilla.
“En la fachada encontramos un montón de imágenes, que tiene que ver con que el boticario de Arenaza era masón. Están todos los elementos pegados en la fachada. Tenés el águila, víbora, el triángulo, el martillo, las escuadras, y una imagen que es un tipo muy severo, con cuernitos, que no era un demonio, sino que se relacionaba con la virilidad”, aseguró el restaurador.

“No encontramos muchos elementos que permitieran dar cuenta que ahí había habido una farmacia, porque después pasaron muchos cosas más, hubo muchos años una carpintería, una fonda, etc. Toda la parte delantera se reconstruyó igual a las fotos y lo que estuvimos investigando, y el piso es el original”, agregó el arquitecto Redruello.
En definitiva, de esta manera, dos siglos atrás y en Chascomús, las farmacias bonaerenses comenzaron un camino de servicio público dentro del sistema de salud, hoy en riesgo por un negocio, en este caso de medicamentos, que tiene como único fin dar ganancia.

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