Bruno Ricao completó casi 2.000 kilómetros y llegó a Esquel con aplausos, bocinas y abrazos durante su travesía

Después de un desafío único, intenso y profundamente humano, el atleta chascomunense Bruno Ricao llegó finalmente a Esquel tras recorrer casi 2.000 kilómetros corriendo, un logro que conmovió a toda la comunidad. Durante su charla con FM Por Siempre 97.3, Bruno relató detalles de su llegada, el esfuerzo final y las emociones que atravesó en las últimas horas de su travesía.

Un último día larguísimo y una sorpresa que lo impulsó

Bruno contó que para completar el tramo final le quedaban alrededor de 130 kilómetros entre sábado y domingo. El plan inicial era dividirlos en partes iguales, pero la realidad del camino fue otra: la gente lo fue deteniendo para saludarlo, con muestras de afecto que demoraron la salida.

El sábado sólo pudo completar 50 kilómetros, lo que lo obligó a cerrar con 80 kilómetros en la última jornada. “Fue un día largo, pero sabía que era el último y que el envío anímico me iba a acompañar”, explicó.

A eso se sumó una sorpresa que lo emocionó profundamente: su mamá, Marcelo —la pareja de ella— y su hermana viajaron desde Buenos Aires para recibirlo en la ruta. “Pensé que eran amigos o conocidos… cuando reconocí que eran ellos, me levantó muchísimo”, confesó.

Los últimos kilómetros: cabeza fría, corazón caliente

Hasta 10 kilómetros antes, Bruno venía con su ritmo habitual. Pero en la recta final apretó los dientes y cambió la velocidad para llegar en tiempo: había prometido arribar a las 9,00 y cumplió con exactitud quirúrgica —9 menos 5.

“El cansancio apareció recién ahí. Fue emoción pura, pensar en el recorrido, en lo que costó, en mis nenas, en los obstáculos… todo junto”, relató.

El momento clave fue cuando vio el aeropuerto de Esquel, un punto conocido para él. “Ahí me cayó la ficha: estaba llegando de verdad”.

Clima benigno, tormentas esquivadas y la fortuna del corredor.

En casi 2.000 kilómetros, Bruno enfrentó de todo, pero asegura que el clima “lo trató bien”. Solo una jornada sofocante lo complicó: 37 grados, que lo obligaron a administrar energías. También atravesó una tormenta eléctrica la noche previa, pero justo pudo guarecerse debajo de un gran puente. “Tuve suerte, jamás tuve que decir ‘qué mal la estoy pasando’”, explicó.

Un recibimiento inolvidable

En los días previos, Bruno vivió momentos de enorme calidez, especialmente en un pequeño pueblo, donde vecinos lo recibieron con aplausos, bocinas y abrazos, sin que él lo esperara.

Ya en Esquel, un equipo local de ciclismo salió a buscarlo y lo acompañó varios kilómetros. Un chico de 14 años, que había ganado una competencia ese mismo día, le regaló su medalla como gesto de admiración. “Me mató de emoción”, reconoció.

El cuerpo, el peso y lo que viene

Bruno llegó con 4,5 kilos menos, una baja moderada para semejante esfuerzo. Durante el último día prácticamente no comió para no perder tiempo: “Ayer era llegar, no importaba lo demás”.

Ahora tiene en mente otro objetivo inmediato: correr una carrera de 45 kilómetros el domingo 7, una prueba dura por su altimetría. “Es otra exigencia, muy distinta, pero quiero bajar mi tiempo del año pasado”.

Un regreso esperado y el cariño del barrio

Ricao se quedará en Esquel hasta el 12 de diciembre, día en que tiene programado el regreso. “Saqué el pasaje jugado y me quedó justo; ahora puedo disfrutar unos días”, contó.

Durante su participación en la radio, llegaron decenas de mensajes: vecinos, amigos, familiares y oyentes celebraron su logro. Todos coincidieron en algo: Bruno es un campeón de la vida, un orgullo para Chascomús y un ejemplo de disciplina, valentía y fuerza mental.