El obispo de Chascomús, monseñor Juan Ignacio Liébana, expuso en la tarde del pasado miércoles sobre Magnifica Humanitas, la primera encíclica del papa León XIV. La charla, convocada en la Biblioteca Popular Domingo Faustino Sarmientocontó con una nutrida concurrencia.
La actividad fue organizada por Radicalismo Auténtico y Construir Buenos Aires, de la Unión Cívica Radical.
Los legisladores (MC) Ricardo Vázquez y Julio César Alfonsín presentaron al disertante en nombre de los convocantes.
Liébana situó el documento en la tradición social de la Iglesia y trazó un paralelo con RerumNovarum, la encíclica que León XIII dio a conocer en 1891, en el contexto de la Revolución Industrial.
A 135 años de aquel documento, explicó, León XIV vuelve a preguntarse por las consecuencias humanas de una transformación que atraviesa la vida en sociedad. Esta vez, el punto de partida es la revolución tecnológica y digital, con la inteligencia artificial como uno de sus principales desafíos.
El obispo puso el acento en lo que se pierde cuando una persona queda reducida a un perfil digital. Detrás de los datos hay alguien con un rostro, una historia, vínculos familiares y necesidades concretas.
Al desarrollar esa idea, señaló que el llamado de la encíclica implica escuchar esas historias, reconocer las heridas de cada persona y actuar ante ellas. Desde esa perspectiva, el desarrollo tecnológico debe evaluarse también por sus efectos sobre la dignidad de las personas y la vida en común. En el mundo del trabajo, esa mirada supone atender a cómo la incorporación de la inteligencia artificial afecta a los trabajadores y a sus condiciones laborales. Liébana vinculó así la pregunta que se hizo León XIII en su época con el desafío actual de orientar el avance tecnológico al bien común.
La exposición abordó las responsabilidades que plantea el uso cotidiano de la tecnología. Liébana se refirió al papel del Estado en la regulación, destacó la tarea de las familias al poner límites al uso del celular para prevenir dependencias, especialmente entre los chicos, y señaló que las escuelas también tienen un lugar en la formación para un uso responsable de las herramientas digitales.
En ese marco, el obispo habló de la sobriedad digital. Advirtió que el uso permanente del celular y de las redes puede ocupar el tiempo y la atención que requieren los vínculos personales. Una sociedad hiperconectada, planteó, puede experimentar al mismo tiempo aislamiento y soledad. De allí su llamado a recuperar espacios de encuentro y a cuidar especialmente a los chicos de la exposición constante a los estímulos digitales.
Liébana relacionó esa reflexión con una cuestión más amplia, la aceptación de los propios límites, recordando la construcción de la Torre de Babel para llegar al cielo, su abandono, y su posterior degradación y caída.
Mencionó experiencias como la enfermedad, la pérdida de un ser querido o los planes que se frustran. Desde la perspectiva cristiana que desarrolló en la charla, reconocer la fragilidad permite aceptar que necesitamos de los demás y de Dios. También ayuda a respetar el espacio y las decisiones de otras personas y a prestar atención a sus necesidades.
Frente a la aspiración de superar toda limitación mediante el poder o la tecnología, recordando la el obispo presentó a Cristo como referencia para comprender la vocación humana. En la lectura que hizo de la encíclica, la experiencia del límite también puede ser una ocasión para crecer. La fragilidad, explicó, nos ayuda a reconocer cuánto dependemos unos de otros y a hacernos cargo del cuidado de quienes necesitan apoyo.
Durante la charla, Liébana también se refirió al poder de quienes controlan los datos y los algoritmos y advirtió que su concentración puede favorecer la manipulación. Frente a la dispersión que generan los estímulos digitales, propuso cuidar la atención y ejercitar el pensamiento crítico.
Vinculó esas prácticas con una responsabilidad compartida por el bien común, la justicia social y el cuidado de la casa común, haciendo mención al Concilio Vaticano II y al Papa Juan XXIII.
El obispo relacionó además la defensa de la dignidad humana con la construcción de la paz. Invitó a mirar los conflictos armados desde la experiencia de las víctimas, a mantener viva la memoria de los daños que causa la guerra y a evitar que la violencia se vuelva aceptable por repetición. Llamó a pensar en comunidad y a actuar en favor de quienes quedan más expuestos a la violencia y la exclusión. En ese sentido, presentó la construcción de la paz como una tarea que compromete también a quienes observan los conflictos desde lejos.
Al finalizar la disertación se abrió un espacio de reflexión e intercambio.
En ese marco, los presentes tomaron la palabra y compartieron sus puntos de vista sobre los temas abordados durante la charla del obispo.

