A principio del siglo pasado, cuando los ingleses construyeron los ferrocarriles en nuestro país, definían que “los caminos son al país como las arterias al cuerpo”.
Por circunstancias personales días atrás, después de la lluvia, transité en una moto enduro por los caminos rurales donde ya estaban secos los huellones y pantanos, en una zona de campo muy fértil donde a mi derecha había sembrada soja y a mi izquierda maíz.
Mientras circulaba con este vehículo acorde, pensaba que los campos fértiles son están siempre y que hoy en día cualquier lluvia bloquea el tránsito de la producción, tanto agrícola como ganadera en estos lugares.
Me pregunto por qué no se ha desarrollado un plan estratégico de pavimento o mejoramiento que garantice la normal circulación de las riquezas de nuestras tierras.
Y no se trata de culpar concretamente a alguien, sino de preguntarse por qué razones no se ha proyectado algo tan importante.
Tengo entendido que en otros países están asfaltados hasta los caminos vecinales.
No hace mucho tiempo entidades representativas del campo, gobiernos municipales y autoridades de la provincia habían comenzado a considerar el tema, que no solo alcanza al tránsito de la producción sino que va mas allá como son la salud y la seguridad, entre otros aspectos.


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