Mi estado de ánimo

De a ratos se me caen algunas lágrimas. Porque las canciones del Indio me llevan a lugares y gente y me pongo a recordar. Siendo adolescente me gustaba mucho el rock nacional de la época pero especialmente se me había pegado una canción, «Superlógico», que era del primer disco de una banda llamada «Patricio Rey y sus redonditos de ricota» que había escuchado en el programa de Tom Lupo. Yo me leía toda la «Pelo» y una vez me encontré una entrevista al cantante de ésa banda, Carlos Solari, un tipo que no daba para nada con los looks de los cantantes de la época como Cerati, Moura o Mateos porque tenía una entrada pronunciada y bigotes grandes y casi siempre aparecía enfundado en mameluco o pantalón jardinero. Raro. Distinto. Bueno, era una banda distinta. Nunca se me ocurría meter a los Redondos en un ranking de mejor banda o mejor disco o mejor canción o mejor cantante porque los Redondos eran otra cosa aparte. Creo que es una de las razones por las que soy pincharrata. No meto a Estudiantes de La Plata en ninguna comparación con los otros clubes y hasta me divierte que nos digan «anti fútbol». Tal vez tengan un poco de razón: No pertenecemos a los cánones del fútbol.

Pero no me quiero ir mucho de tema. Yo pensaba en ésa época que no habría otros chascomunenses que compartieran mi gusto por ésa banda platense y sin embargo los había. Hay toda una generación un poco anterior a la mía que hoy son sesentones que en los primeros 80 estudiaban como universitarios en La Plata y asistían a viejas misas ricoteras cuando no eran para nada masivas.

El asunto es que en 1988 entré en la recién nacida Radio Chascomús y encontré que ahí se pasaban los temas de los 3 vinilos de los Redondos que se habían editado hasta ese momento («Gulp!», «Oktubre» y «Un baión para el ojo idiota»). Con amigos que me hice en ésa radio fui a lo que sería mi primera misa ricotera. Fue en el Polideportivo de Gimnasia y Esgrima de La Plata, y el Indio ya no tenía bigotes. Pero lo más revelador para mí fue enterarme que los Redondos si eran, eran en vivo. Lo de los discos estaba bárbaro pero la misa ricotera era una fiesta inexplicable y hasta irracional. Ésa noche vimos que había otra gente de Chascomús que había ido (creo que el Manco Güimil, el Rosca etc). En cuanto a mí era uno de los ocupantes del auto de Miguel «Enano» Tocci que era uno de los dueños de la radio y que había visto a los redondos cuando solamente un puñado de personas iba a verlos. De hecho él se había hecho a mano una remera con la tapa del primer disco cuando todavía estaba lejos «Patricio Rey» de tener merchandising. A ésa remera se la elogió aquella noche la «negra Poly» (productora de la banda y pareja del guitarrista Skay).

Por aquella época Miguel me puso a conducir en su radio un programa que se llamaba «Patricio Súper Show» que consistía en emitir enteros los cassettes inéditos con grabaciones piratas de las primeras misas, que él había conseguido.

Yo a la «Pelo» ya le sumaba mi lectura de la «Cerdos & Peces» donde el Indio publicaba siempre un cuento suyo ilustrado con uno de sus dibujos, hasta que el director de la revista se distanció de él.

Meses después del recital en GELP me integré a otra banda de amigos chascomunenses con los que nos hicimos seguidores de los Redondos: el Conejo Cilley, el inolvidable Charly Pesce, José Itúrrez, Martín Susanne, Arturo Landa, Mario Buezas, Mario Guevara y otros que se sumaban ocasionalmente. Recuerdo una noche saliendo del Estadio Obras todos los mencionados y algunos más por plena Libertador en el Citroën del Conejo… y no éramos precisamente livianos.

Si los Redondos tocaban, por ejemplo, dos noches seguidas en La Plata, nos quedábamos en el depto de algún amigo pero íbamos a los dos conciertos. Una vez en el Estadio Atenas de La Plata que me parecía enorme pero que es una cancha de básquet, la Policía (era la época de «la maldita Bonaerense») tiró gases lacrimógenos en la vereda pero el humo entró rápidamente por las claraboyas y miles de personas salimos por calle 13 literalmente a ciegas porque no podíamos abrir los ojos. Al rato, cuando el humo se disipó, volvimos y ya estaba Skay tocando de nuevo y se le fue sumando el resto de la banda y siguió la fiesta ricotera como si nada. Nos estábamos acostumbrando a que los medios (los que hoy hablan maravillas de los Redondos) digan que éramos un público violento y que por éso la Policía nos reprimía.

Me acuerdo que una vez iba un tren cargado de ricoteros de Plaza Constitución a Mar del Plata donde tocaban los Redondos y la Policía paró el tren en la vieja Estación de Chascomús y uno de los efectivos tiró disparos al aire pero un balazo le dio a un joven. Al policía autor del disparo el comisario lo trasladó inmediatamente. Entonces cuando periciaron las armas ya el policía y su pistola no estaban en la Comisaría de Chascomús y como era costumbre de la época, aquí no ha pasado nada.

Perdí la cuenta de la cantidad de Estadio Obras a los que fuimos. Sí recuerdo a la Negra Poli recorriendo todo el Estadio para saludar a algunas bandas de seguidores antes de que empiece el concierto. El ejemplo más claro era la banda que iba desde Aldo Bonzi. Eran muchos y tenían buenos trapos. Una noche mientras hacíamos la cola en la vereda de Obras y unas tanquetas de la Federal nos apuntaban uno por uno hasta que entrábamos, unos de no sé dónde nos contaron que en la noche anterior la Policía se había llevado a muchos de los de Aldo Bonzi. Después sabríamos que uno de los detenidos fue Walter Bulacio que lo molieron a golpes en una comisaría y agonizó varios días hasta que murió. Obviamente los policías nunca cayeron presos, es que estoy hablando de Argentina de los ’90. Para los medios de comunicación el público ricotero éramos cada vez más violento.

Años después, al estar en pareja, ya íbamos con élla a ver los Redondos. Como el intendente de Olavarría no quería violentos en su ciudad, el Indio dio una conferencia de prensa haciendo uso de su impecable oratoria y finalmente tocaron en Tandil. Recuerdo el móvil de Crónica TV que fue a transmitir disturbios que no hubo y tuvo que terminar filmando cómo bailábamos rock and roll bajo la lluvia. Porque éso eran las misas ricoteras. Pura fiesta.

Los dos tuvimos asistencia perfecta en los conciertos de Indio y los Fundamentalistas en el Único de La Plata, pero el gran cierre fue en «La Colmena» de Olavarría. Era como nuestra revancha. Veinte años después de que el intendente de Olavarría no dejara tocar a los Redondos, su hijo que ahora era el intendente, permitía que por fin copemos Olavarría aunque con «Indio y los Fundamentalistas del aire acondicionado». En realidad los que fuimos en auto tuvimos que dejarlo en la ruta y atravesar toda la ciudad a pie hasta llegar al predio de «La Colmena». Éramos 400 mil personas. O sea la misma cantidad que fue a Woodstock con la diferencia de que al Gran Festival de amor y paz del que aún hoy hablan libros y películas habían ido a ver a todas las estrellas internacionales del rock de 1969. Y en cambio en Olavarría 2017 fuimos a ver al Indio. «Solos y de noche» como decía él. En ése recital ya no tenía la voz de otras épocas y dejaba cantar casi todo al público. Creo que nos fuimos de Olavarría sabiendo que habíamos visto su último concierto pero deseando que no.

Ya sé, escribí mucho y demasiado autorreferencial. Pero es porque la poesía del Indio fue apropiada por cada uno de nosotros. Porque nos identifica. «Es la banda de sonido de mi vida» dicen muchos fans este fin de semana cuando el movilero les pide que definan la música del Mister. Aunque siendo letras tan crípticas es probable que no haya sido lo que el Indio pensó. Éso también es bueno. Que a lo que el escriba exclusivo de Patricio Rey decía, cada ricotero lo interprete como nos parece. Y nos dejemos llevar por algún rock and roll. Siempre. En este día y cada día. Y poguear. Poguear «hasta perder la forma humana». Y si no es mucho pedir, por si se cumple, cada tanto cantar lo que cantábamos en las previas de las misas «Que salga el Indio oh oh, que salga el Indio, y todo el año es carnaval».

Sergio «Tony» Peralta