«Mis recuerdos» – El centinela de madera

En la esquina de Julián Quintana y Mazzini, el tiempo parece haberse detenido a descansar. Allí permanece, firme y sereno, un viejo palenque que se resiste al olvido. Su madera, curtida por décadas de soles y lluvias, exhibe con orgullo las grietas profundas que narran historias de una ciudad que antes se recorría al paso de los cascos.

Lo más cautivador es su verdín, ese musgo persistente que lo viste de gala. Es como si la naturaleza intentara reclamar lo que es suyo, envolviendo el poste con una capa aterciopelada de vida que resalta contra el gris plateado de la fibra añeja. Esa combinación de texturas la dureza de la madera erosionada y la suavidad húmeda del verde crea una obra de arte natural en plena vereda.

Este palenque ya no sujeta riendas, pero sostiene algo mucho más pesado: la memoria colectiva. Mientras el mundo a su alrededor se acelera, él sigue ahí, con su silueta redondeada y su base abrazada por el pasto.
Emilio Mariano Gutiérrez