…en la Academia del Lunfardo; para ver si es posible entender algunas situaciones del plano real, pero que la literatura -académica o vulgar- disfraza, confunde, encubre (¿?).
Porque la discapacidad o incapacidad no debe ser una definición o catálogo de falencias. Alguienes necesitan de otros álguienes; porque están incapacitados de valerse por sí. Eso es lo único que importa; o debería importar.
Ninguna de las creencias -religiosas, filosóficas, políticas, místicas- han expresado lo contrario.
Es que, la ausencia de aptitud para cualquier necesidad, aspiración, anhelo, maña, metejón propias de los mortales, no puede desviar la atención respecto del auténtico e irreemplazable destinatario de todo esfuerzo que se precie de honesto y valedero. Por más que se pretenda arrasar con certificados, constancias, organismos, funcionarios vinculados al tema, ése, o el que requiera del Estado como articulador de los conflictos sociales.
Las pujas ‘sesudas’ a través de redes sociales, pueden aportar algo, en sus efímeros espacios (etéreos, auditivos o visuales). Como el abrazo o la mirada sinceros, no; sin duda.
Cuánto de militancia política (en su más amplio concepto) cabe y/o esperamos, para expresar nuestras verdades?
Lejos de atribuirnos respuestas infalibles, no cejemos en plantearnos todas las preguntas; tales como qué es -y quién lo puede afirmar- la discapacidad o incapacidad; o su reflejo antitético: la capacidad y para qué!!
Tenga paciencia, Cochero; porque creo tener para un buen rato y estar en el lugar apropiado, ya que el lunfardo es una Jerga popular, originariamente de maleantes, típica de Buenos Aires y extendida por los países del Plata (según el “Diccionario del Español actual”, de Manuel Seco, Olimpia Andrés y Gabino Ramos); y, en el arte de trampear, sigue habiendo maleantes. Es cuestión de mirar, escuchar; ya que con oír o ver no basta, si de saber qué pasa se trata.
S.R.E.;13/09/25
De y Desde Chascomús

