A raíz de la nota sobre sobre jabalíes y cerdos salvajes que publicamos días atrás, el médico veterinario Ignacio Celedón, especialista en Inocuidad y Calidad Agroalimentaria, que lleva años estudiando la problemática de los jabalíes y los cerdos salvajes en la Argentina, hizo llegar a nuestra mesa de redacción una nota que dice lo siguiente:
“Es muy necesario cazar los cerdos cimarrones; llamados vulgarmente jabalíes. Y en particular en la provincia de Buenos Aires abundan los cerdos asilvestrados.
La forma más eficiente de realizar la caza es con trampas, por que con esta metodología se atrapa a toda la piara, la cual está compuesta por hembras y sus crías (recordemos que están son como la materia prima de esta plaga y el problema se debe cortar por la raíz, atrapando lo que genera más animales. Hay que tener en cuenta la gran capacidad de reproducción que tienen, una hembra puede entrar en celo a partir de los 4 a 6 meses, y después del 2do o 3ero celo pueden tener muchas crías; hay casos donde una hembra adulta puede tener de 12 a 14 cachorros 2 veces por año).
Erradicar esta especie animal es casi imposible, controlarla es difícil, y mucho más cuando falta voluntad y la participación de varios actores que deberían estar, como productores agropecuarios junto al acompañamiento de los gobiernos municipales, provincial y nacional.
Cazar con armas de fuego y/ o perros quedo demostrado que no sirve, no es eficiente. Independientemente de que esta metodología de caza sea ineficiente, la misma va a seguir existiendo dado que es un tema cultural, deportivo y folclórico (en algunas provincias es muy fuerte), por lo tanto, para este caso es necesario darle un orden, un marco legal, normativo, regularizar la caza y facilitar los requisitos para la misma. La caza furtiva va a existir siempre, en lugar de combatirla hay que intentar sumar para el mismo objetivo, primero hay que dar oportunidades. Y para esto es necesario la presencia de varios actores que deben involucrase, como productores agropecuarios, funcionarios públicos; municipales, policías, etc.
Los cerdos salvajes o jabalíes son un problema en aumento dado que no tienen predadores naturales, tienen una alta tasa de reproducción, se adaptan a cualquier ambiente mientras tengan una fuente de agua, y se alimentan de cualquier cosa.
El puma no es un depredador natural, es un oportunista, por lo tanto, su presencia es insignificante ante una población de jabalí
En caso de permitir la caza es necesario y muy importante aprovechar sus carnes, que son muy saludables, siempre y cuando se realice previamente el correspondiente análisis de trichinellosis, no es recomendable el consumo de estas carnes sin el análisis. Y debe ser el resultado negativo para poder consumirlas.
Para aprovechar las carnes hay que tener algún establecimiento habilitado por la autoridad sanitaria correspondiente (municipal, provincial o nacional) de manera que las reses sufran la inspección veterinaria y asegurar así un consumo inocuo de las mismas.
Actualmente los jabalíes o cerdos cimarrones se encuentran presentes en un 60 – 70% del país, y es un problema que va en aumento, con las consecuencias que esto genera, como daños al medio ambiente, riesgo de extinción de especies autóctonas, transmisión de enfermedades hacia otros animales y hacia el ser humano (enfermedades zoonóticas), accidentes viales, y pérdidas económicas en la producción agropecuaria.
Su presencia no genera ningún beneficio, sino todo lo contrario, todos es negativo (lo único positivo que podría resaltarse es que su carne es muy saludable, si da negativo al análisis de trichinellosis).Partiendo desde la base que no es autóctono, sino que fue introducido, y como todo elemento vivo que se introduce en un ambiente que no le corresponde o es propio, genera desequilibrio ambiental. Similar es el caso del cerdo asilvestrado. Esto son cerdos que antiguamente eran domésticos y se hicieron salvajes; o por que se escaparon o por que los soltaron. Esto género que en la mayoría del país existan cerdos cimarrones cruza con jabalíes, lo que los hace aún más peligrosos, porque son más grandes, más agresivos, más prolíferos, poseen lo mejor de la genérica propia de las razas en una combinación perfecta con la rusticidad del jabalí, lo que genera mayor resistencia a las enfermedades, a las inclemencias climáticas, a la falta de alimento, y a su vez es un coctel perfecto para transmitir cualquier tipo de enfermedades; resistiendo ellos en su gran mayoría.
En conclusión, para intentar controlar esta especie es necesario, primero habilitar la caza, y segundo definir de la manera más eficiente lo cual involucra inversión de dinero, planificación y trabajos posteriores dependiendo del destino de los animales”.

