Yo, soy yo, yo soy Sarmiento

Hola, Don YO. Gran momento para mi este encuentro. Estoy frente a alguien que no le gusta la adulación, sería mucho lo que le diría, pero callo. Su presencia me ilustra. Su lucha a Usted lo ennoblece, lo llena de orgullo, y, es tanto lo que yo pienso y más lo que yo siento. Estar frente a alguien que fue un genial autodidacto, que hizo tanto, y todo solo. Perdón Doctor, pero esto no es una adulación, literalmente fue su energía muy acompañada de su inteligencia y de los deseos de cultivar su espíritu con el fin único de ayudar al país a resolver tantos problemas que tenía.
No pudo escolarizarse como se lo proponía, no pudo entrar al Colegio de Ciencias Morales de Buenos Aires, como hubiese deseado. Entonces que hacer: “TODO SOLO”. Y lo logró. También en ese afán de enriquecer su espíritu, estudió dos idiomas, francés e ingles y un poquito de alemán, estudió leyes para la buena gobernabilidad y especialmente escolaridad. Viajó mucho y pudo conocer a personalidades famosas de la política y las ciencias que lo instruyeron y lo aplicó en la tarea pública con brillantez.
Usted reclama varias veces la categoría de General, ya que desde 1830 a 1858 tuvo varias responsabilidades militares como General. Era Teniente Coronel y fue tan menospreciado que llegó a decirse- le tenemos que dar a Sarmiento un Generalato porque”está muy pobre”, hasta que Avellaneda en sus primeros pasos, como Presidente, lo confirma como General.
También reclamó el tratamiento de “Doctor Honoris Causa”, como la Universidad de Michigan se lo otorga. Pero acá en Argentina no tuvo éxito.
Su arma más poderosa fue la pluma y la palabra, buscaba los conflictos porque se sentía totalmente capaz de rebatirlos en bien de un país más educado, más culto y que su población sepa distinguir, la paz criteriosa, la destrucción de la injusticia y que con esa curiosidad que propone la inteligencia no se arrodille al despotismo.
Cuando le tocó ser Presidente juró a su mamá y a Dominguito que hará todo y  que llevaría la piedra a la cima de la montaña como SÍSIFO. Solo usted muestra ese vigor, esa valentía en este juramento, estando seguro que será un Presidente Republicano, preparado para tan alta responsabilidad.
Sufrió tantas hostilidades, tanta humillación, tantas burlas en su vida como Senador y como Presidente hasta sus últimos días.
Termino este recordatorio con sus palabras del último Discurso.
“Por lo que a mí respecta, mis destinos están cumplidos y aunque haya caído y levantado muchas veces con la bandera de la educación común, esta manifestación recibida en el Paraguay, después de otras recientes en Valparaíso, Santiago, Andes, Mendoza y San Juan, me harían desear que las banderas de la Argentina, de Chile, Uruguay y Paraguay me sirviesen de mortaja para atestiguar que merecí bien de sus habitantes”
No sé si le pareció acertado que recordara partes de su vida, a mí me gustó mucho tenerlo presente en este Día del Maestro. 11 de Septiembre 2026.
Será nuestro próximo encuentro General, Doctor y Señor Sarmiento hasta “que la naturaleza cumpla su servicio”.

María Teresa Pena