El bulevar

Por el Arq. Lucio Plorutti Dormal, con aportes históricos de Chascomús del Sr. Rodolfo MacLean y la Arq. Mariana Giusti
La Linterna Urbana
Colegio de Arquitectos de Chascomús

De origen medieval, el «baluarte»* rodeaba las ciudades amuralladas de Europa, envolviendo las fortalezas que, al derribar las murallas, conservaron éste cinturón verde como parte de la red de circulación urbana. Cuando el Barón de Haussman reformuló la París medieval para volverla lo que es hoy, la Ciudad de la Luz, los boulevardes hicieron auge con sus cualidades sanitarias, estéticas, y de circulación. Se convirtieron en un canon del urbanismo academicista que llegaría a la Argentina paulatinamente, comenzando a incorporarse al trazado de las Leyes de Indias después de la Revolución de Mayo. El ejemplo más notorio sigue siendo el trazado de Pedro Benoit para la ciudad de La Plata, que fue replicándose en la provincia y sus numerosos pueblos.
En 1826, el oficial Juan Saubidet fue destinado a Chascomús, entre otros poblados, para regularizar el trazado urbano que estaba en estado caótico, con las respectivas quejas de terratenientes ante el desorden parcelario. Fue Saubidet quien introdujo los primeros bocetos para los bulevares actualmente conocidos como Yrigoyen-Perón, Lastra y Escribano. De hecho, Libres del Sur y Belgrano también fueron diagramados para ser otro bulevar, con remate en la Catedral Nuestra Señora de la Merced.
Pero cuando Chascomús se convirtió en punta de rieles, éste último bulevar de sesenta metros se parceló para dejarnos las actuales calles céntricas.
En 1855 el Agrimensor Jaime Arrufó trazó los bulevares de Yrigoyen-Perón y Escribano, siendo recién en 1943, durante la intendencia de Fernando Pérez del Cerro, que se traza el bulevar de la Avenida Lastra. Más tarde siguieron Pedro de Arenaza y Colombia, y Scalabrini Ortiz; en conjunto con los pequeños bulevares desde Arenales hasta Mazzini. Durante la segunda mitad de la década del ´90, la administración de Norberto Fernandino trazó los bulevares de Machado; y en la segunda mitad de la década del 2000, la intendenta Liliana Denot trazó los aquellos correspondientes al barrio 30 de Mayo.
Éstos «corredores verdes» tienen benéficas características. Desde las esenciales como aire y luz, podemos llegar hasta cuestiones simbólicas y comerciales. Dichos corredores son una impronta urbanística que ha evolucionado a través de los siglos, con frondosas arboledas, senderos, bicisendas, monumentos, mercados desmontables y expansiones de todo tipo, para toda clase de actividades. Desde misas al aire libre hasta recitales, desde usos ociosos hasta deportivos; los bulevares cumplen con su objetivo genérico de sanear las ciudades. Pero también estos corredores permiten el desarrollo urbanístico-inmobiliario, siendo sectores adecuados para la edificación en altura dado que el espacio amplio entre las fachadas permite el paso de la luz, la ventilación, y las visuales para apreciar este tipo edilicio de mayor escala. Con esta expansión verde, las torres no producen la claustrofobia que en calles normales sucede, permitiendo una verdadera apreciación armónica entre éstas construcciones, el verde urbano, y el ser humano.
* Del neerlandés o flamenco bolwerk (bastión, defensa, balaurte)

 

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