Envuelto en una crisis económica que puede arrastrar como el ancla las aspiraciones del oficialismo en las elecciones el año próximo, en Cambiemos sigue la discusión en torno a una jugada polémica, que, de concretarse, replicaría el formato de elección que alguna vez la Provincia utilizó para normalizar política e institucionalmente el distrito de Pinamar: adelantar la elección prevista para octubre, para los primeros meses del año próximo.
De raíz económica, el malestar de un sector importante de la sociedad contra el oficialismo, tiene, sin embargo, una derivación de tipo política-electoral: la performance de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, lejos de apagarse, se enciende. Así lo reflejan las últimas encuestas que se conocieron el fin de semana. En el peor escenario, el único impacto sobre la intención de voto a CFK que deriva del escándalo de los cuadernos, fue apenas que se frenó el crecimiento que venían reflejando las encuestas.
En las últimas semanas, trascendió una idea que orejeaban en la Gobernación, en La Plata, para –dicen- esquivar los coletazos del malestar que se advierte en el electorado contra la gestión Nacional y que se reflejará, naturalmente, en una pérdida de votos significativa de Mauricio Macri. Si la puja nacional, finalmente, enfrenta al actual presidente y a su antecesora, Cristina Fernández de Kirchner, ¿qué impacto tendrá la tendencia a la baja del líder de Cambiemos en el resto de los representantes de su espacio?
La respuesta genera preocupación en el oficialismo: Vidal, que todavía lidera el ránking de imagen entre los representantes de Cambiemos, podría verse perjudicada por el ancla que significaría compartir la boleta con Mauricio Macri. Por eso se dejó correr la posibilidad de desdoblar las elecciones en la Provincia de Buenos Aires, una facultad que está a tiro de decreto del Gobernador, que es el encargado de convocarlas. Puede hacerlo de forma simultánea con la elección nacional –como ha ocurrido en los últimos años- pero también fijarlas en fechas separadas.
Esa posibilidad que el oficialismo dejó trascender desde Clarín, una idea que se atribuyó al actual presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, Emilio Monzó, reconciliado ya en términos políticos con la actual mandataria bonaerense, murió antes de nacer. En la Rosada, se dijo, descartan esa posibilidad. Entre otras cosas porque como está el humor de los bonaerenses, Macri no resignará aprovechar la buena imagen de Vidal en la Provincia. Una especie aplicación de la teoría del corcho, invertida.
Pero la presión de los intendentes, propios y ajenos, podría alumbrar otra posibilidad. En el oficialismo pero también en la oposición, los alcaldes intentarán esquivar el escenario nacional. En el frente Cambiemos, por razones obvias: muchos jefes comunales están preocupados ante la eventualidad de perder su distrito, antes que por objeciones a su propia gestión, como consecuencia del creciente malestar contra el Gobierno Nacional. En la oposición, lo que buscarán los intendentes es esquivar la puja interna entre CFK y otro referente, como el propio Sergio Massa. Le temen, y hacen bien, a que la interna del peronismo nacional termine desdoblando los votos peronistas locales, con candidatos que representen a cada sector.
Salomónica o no tanto, podría avanzarse en una iniciativa que permite que cada distrito pueda convocar a su propia elección. La llave para los intendentes que aspiran esquivar el lastre de sus propios referentes provinciales y nacionales, o la interna que pueda dividirle votos.
Presionados por el radicalismo, que en momentos electorales, consigue parte de poder dentro del Frente Cambiemos que pierde durante la gestión, en la Rosada podrían habilitar el formato de desdoblamiento distrital. Elecciones “municipales”.


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