Memoria, verdad y justicia: Daniel Salvador rememoró en Chascomús los cimientos de la CONADEP y el desafío de la «Democracia para siempre»

En una jornada destacada por la institucionalidad y la memoria histórica, el dirigente radical Daniel Salvador, exvicegobernador bonaerense, exdiputado y senador provincial, visitó este viernesChascomús.
Invitado por el Comité local de la Unión Cívica Radical, Salvador brindó una extensa charla en una Casa Radical que se vio colmada por la presencia de afiliados, adherentes y vecinos que se acercaron para escuchar de primera mano los pormenores de la creación de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep).
La presentación estuvo a cargo de la presidenta del partido en el orden local, Mariela Alfonsín, quien junto al vicepresidente Abelardo Tejo, dio la bienvenida a quien fuera el Secretario de Procesamiento de Datos de dicha comisión, un rol técnico y humano fundamental en la etapa más oscura y a la vez esperanzadora de la Argentina contemporánea.
Durante su alocución, Salvador se sumergió en los recuerdos de aquellos meses fundacionales en los que la Argentina democrática tomó la valiente decisión de investigarse a sí misma. Con un tono reflexivo pero firme, el dirigente detalló cómo se gestó la Conadep en un clima social viciado por el miedo y la incertidumbre.
Expresó al respecto que no puede dejar de recordar el enorme desafío que representó ese trabajo en un contexto donde las dictaduras todavía imperaban en casi todos los países que rodeaban a la Argentina. Recordó que, por aquel entonces, existía la idea instalada de que la continuidad natural de un gobierno democrático era, invariablemente, un golpe de Estado, una dinámica que se repetía trágicamente en el país desde 1930 en adelante.
En ese sentido, Salvador destacó que el gran objetivo del presidente Raúl Alfonsín era instaurar la «Democracia para siempre». Si bien reconoció que en aquel momento podía sonar como una frase excesiva o puramente retórica, explicó que la intención real era transmitir la idea de que, en esta oportunidad, la propia democracia debía generar las condiciones institucionales para que nunca más hubiera interrupciones al orden constitucional. Rememoró con crudeza que el último golpe de Estado había sido de una violencia tremenda, caracterizado por la muerte, la desaparición de personas y el robo de bebés, actos que resultaban difíciles de procesar como parte de la conducta humana. Por ello, consideró fundamental que la comunidad tomara conocimiento cabal de los hechos; Alfonsín entendió que el proceso de justicia debía sustentarse en una verdad que no fuera solo un expediente, sino una verdad que la sociedad conociera y sintiera como propia.
Bajo este objetivo se dio vida a la comisión, conformada por personalidades distinguidas que el propio Dr. Alfonsín seleccionó cuidadosamente. Salvador recordó que se estableció inicialmente un plazo de seis meses, que luego se extendió a nueve, con la premisa de aplicar la máxima justicia posible en una democracia que apenas daba sus primeros pasos. Para lograrlo, era imperativo garantizar la intervención de los tribunales ordinarios y reformar el Código Militar para que la justicia no eludiera su tarea.
Salvador fue enfático al señalar que las decisiones más trascendentales se tomaron en apenas los primeros cinco días de gobierno: la creación de la Conadep, la anulación de la Ley de Autoamnistía, el procesamiento de las Juntas Militares y de los referentesde la lucha armada, y la mencionada reforma del Código Militar.
En lo que respecta a su experiencia personal, Salvador relató que fue convocado por Alfonsín a pocos días de ganar la elección. El presidente le impuso la idea y su tarea inicial fue coordinar el encuentro de todas esas personalidades que ya habían dialogado con el mandatario para que pudieran arrancar una labor con un objetivo claro y concreto.
La comisión, presidida por el escritor Ernesto Sábato e integrada por figuras como Magdalena Ruiz Guiñazú, René Favaloro, Marshall Meyer y Jaime de Nevares, entre otros, comenzó a funcionar en el Centro Cultural San Martín. Fue una tarea extremadamente dura, que debió superar miedos, presiones y dificultades técnicas, pero que contó con un acompañamiento social que crecía día a día.
Salvador recordó con especial afecto la incorporación posterior de una figura central como Graciela Fernández Meijide, señalando que, a los pocos meses de iniciado el trabajo, las dudas iniciales se disiparon y el desafío dejó de ser solo de la comisión para convertirse en un mandato de toda la sociedad argentina que exigía saber lo que había pasado. Para el dirigente radical, esta fue la última gran gesta que logró unir al pueblo argentino detrás de un objetivo común, liderada por un presidente que nunca buscó partidizar los derechos humanos, sino fundamentarlos exclusivamente en el derecho y la ley.
La tarea culminó con el histórico informe «Nunca Más», un documento que, según Salvador, refleja la crudeza de los testimonios y las inspecciones a los centros clandestinos de detención. Explicó que este informe fue vital para que el país tomara conciencia de que no se trataba de hechos aislados, sino de un plan siniestro y sistemático de secuestro, tortura y desaparición. El «Nunca Más» funcionó como una condena moral ante el mundo y sirvió de base para la acusación del fiscal Julio César Strassera, quien tomó 700 de esos casos para llevar adelante un juicio que respetó el debido proceso y la defensa, defendiendo la plena legalidad hasta llegar a las condenas que terminaron con la impunidad.
Hacia el final de su intervención, Salvador vinculó la muestra fotográfica que acompañaba la charla con la necesidad de mantener despierta la inquietud sobre lo ocurrido. Si bien celebró que hoy se viva la democracia y la libertad con naturalidad, advirtió que es fundamental tener presentes estos hechos para retomar el compromiso hacia el futuro. Hizo un llamado a recuperar la confianza en el país y en sus gobernantes, instando a no abandonar la fe en el sistema democrático, que es la única herramienta que permite a los ciudadanos elegir y evaluar las gestiones. Reconoció que la democracia actual tiene enormes deudas pendientes, pero sostuvo que esos son precisamente los desafíos que deben asumir quienes pretenden gobernar. Concluyó afirmando que los logros de 1983 solo fueron posibles gracias al acompañamiento popular, y que la etapa venidera, por difícil que sea, requiere sinceridad, programas de gobierno claros y la capacidad de superar diferencias políticas para acordar el rumbo que el país necesita, reafirmando que la democracia es el único camino para que el pueblo pueda estar mejor.