Un recorrido desde Los Antiguos hasta los rincones más secretos de una provincia repleta de maravillosos paisajes

Por la inmensidad del noroeste de Santa Cruz

– Por Virginia Pignaton, especial desde Santa Cruz

 

Cuando hablamos de turismo en la provincia de Santa Cruz, enseguida pensamos en El Calafate y El Chaltén, pero desconocemos mucho de los que tiene para ofrecernos. En una recorrida por ruta desde el Aeropuerto de Comodoro Rivadavia (Chubut) a Los Antiguos -unos 450 kilómetros- nos cruzamos con paisajes de montaña, campos con decenas de cigüeñas para extraer el petróleo, algunas 4×4 por el camino y pintorescas postales de choiques con sus crías y guanacos.
Después de varias horas de viaje llegamos a la pequeña y atractiva localidad en el extremo noroeste de Santa Cruz, a tan solo 7 kilómetros de Chile y a orillas del Lago Buenos Aires (lago que es compartido con ese país, donde lleva el nombre de General Carrera) y es el segundo más grande de Sudamérica.
Los Antiguos es la Capital Nacional de la Cereza, y cada año durante el mes de enero (13,14 y 15) se celebra la fiesta que es visitada por cientos de turistas que quieren probar las cerezas más ricas del mundo, que se exportan casi en su totalidad. Por supuesto el recorrido comenzó en una de las chacras de allí, “La Querencia”, un lugar pintoresco lleno de frutales y rosas donde se puede degustar panes y dulces caseros donde obviamente no faltaban las cerezas y la calidez de la recepción.
A unos 70 metros por encima del pueblo se puede observar el mirador Uendeunk (palabra que proviene del Tehuelche) y por esa razón un enorme monumento a un indio impacta al llegar al lugar, donde recientemente se inauguró una moderna hostería -con vistas panorámicas- que lleva su mismo nombre. Si bien sus habitantes esperan los datos del último censo se calcula unas 4000 personas viven en Los Antiguos. Otro lugar imperdible es el Mirador del lago Buenos Aires y la costanera con fuertes olas de agua transparente donde también se practica la pesca deportiva.
En una mezcla de rotisería y bodegón, en “El Rastro de Choike” probamos platos imperdibles como los ravioles de trucha de Mirko y en los postres no faltó la vedete del lugar, una tarta frutal todo, obvio, con cerezas.
Por la estancia “La Ascensión”, fundada en 1911 ingresamos al Parque Nacional Patagonia, donde Ezequiel, su guardaparques nos contó sobre las actividades del lugar como eran la esquila de ovejas, la antigua casa y la matera donde descansaban los peones. Hoy se fomenta allí el turismo de naturaleza. Es uno de los pocos lugares donde se puede observar el ave Macá Tobiano, ya que quedan unas 800 especies. Además, hay varios senderos de trekking para disfrutar de la paz del campo.

Ruta escénica 41
En el Municipio participamos con las autoridades locales y provinciales de la inauguración de la temporada de Ruta Escénica 41: son 117 kilómetros de los paisajes más imponentes que se pueden observar de montañas, estepa, bosques y lagunas.
El trayecto es una postal tras otra de lugares deslumbrantes y se recomienda hacerlo con una audioguía (se puede descargar de la web de turismo de la provincia), que conectan el recorrido con un mapa con puntos estratégicos e información que es acompañada por música de artistas de la zona y te ayudan a sumergirte en el paisaje, donde se destacan El Mirador Los Cerritos, El Salto del Río Zeballos, el Cerro Boleadora, la Laguna Escondida y también el Cerro San Lorenzo, que es el más alto de la provincia. Sin duda el recorrido vale la pena.

Lago Posadas y Circuito de los Lagos
Al salir de la ruta escénica, por la ruta provincial 39 se ingresa a Lago Posadas, un pequeño pueblo de no más de 450 habitantes, ubicado al pie de la Cordillera de los Andes donde nos hospedamos en Río Tarde, una especie de casa/hotel boutique de piedra y madera donde su dueño el arquitecto Pablo Richard´s no descuidó ningún detalle. Cocina artesanal con elaboración a la vista, atención personalizada a cada huésped, fotografías, objetos y mapas que contribuyen a la cultura del pueblo.
Desde allí al Circuito de los Lagos hay un recorrido por camino de ripio que se recomienda en 4×4, donde se destacan la Cueva del Puma, con restos de huesos en la entrada y aun así nos animamos a ingresar a su lugar, un escondite entre gigantescas rocas. El itsmo de 200 metros de ancho que separa dos lagos el Pueyrredón y el Posadas, con dos colores que no se pueden creer, uno más azul y otro más verde que hacen una vista impresionante del lugar, parada imperdible para detenerse en el recorrido es la Garganta del Río Oro, una cascada turquesa que baja por la montaña y parece una postal. Pero lo más deslumbrante de todo el recorrido es sin dudas el Arco de Piedra: como su nombre lo indica un majestuoso arco de piedra en medio de agua celeste turquesa. En Lagos Posadas también hay pesca, avistaje de aves, trekking, aventura en 4×4 y lo mejor de la naturaleza: vistas de montaña y sonido de pájaros.
Otro lugar en el que comprobamos la hospitalidad de autoridades y vecinos que nos agasajaron con delicias caseras. Acá probamos el fruto típico de la zona, el calafate. ¿La leyenda? Los lugareños dicen que si te atreves a comer el fruto dulce del arbusto caes en el hechizo de la Patagonia y querés volver…probé varios…, así que espero volver.

Posta de Los Toldos, Cañadón Pinturas y Cueva de las Manos

Una vez más, preparamos el mate y a la ruta. Siguiente destino: La Posta de los Toldos, un refugio en plena estepa dentro del Parque Patagonia. Un lugar pintoresco y cuidado en cada detalle con espacios comunes, donde se comparte la mesa con otros viajeros con comidas caseras y regionales.
Cuenta con 9 habitaciones privadas en las que cada una tiene el nombre de un animal. En mi caso dormí en la habitación del choique (párrafo aparte la vista del atardecer y el cielo estrellado de la noche en medio de la naturaleza). Algunas otras son guanaco, chinchillón, puma y gato del pajonal, todas especies que se pueden observar en el lugar, que además tiene espacio para instalar motorhome.
Muchos se detienen allí con el propósito de contemplar la fauna originaria, a través de una red de más de 16 kilómetros de senderos que recorre vistas panorámicas precordilleranas. El objetivo es promover experiencias en la naturaleza a través del senderismo activo y el avistamiento de animales. Otro de los atractivos es recorrer el sendero Cañadón Pinturas, casi tres kilómetros de imponentes vistas de colores amarillo, rosa y ocres, un camino imperdible, donde no podés parar de sacar fotos.
Desde allí a la Cueva de las Manos (se ubica entre las localidades de Perito Moreno y Bajo Caracoles), un parque Provincial que alberga pinturas rupestres de más de 9 mil años de antigüedad, que representan escenas de caza, negativos de mano (jóvenes, adultas y de niños), fauna autóctona y hasta un dibujo de 9 lunas que indica un embarazo.
El lugar parece detenido en el tiempo y conserva intacta la memoria de sus primeros habitantes. Está a 88 metros de altura sobre el Río Pinturas. Además de las manos, que dieron origen a su nombre, también se encuentra la cueva (con unos 25 metros de profundidad) donde se hallaron restos de fogones, huesos y pieles de animales que permiten comprender un poco como vivieron estos cazadores-recolectores. En ese lugar se refugiaban de los vientos y el clima. La paleta de colores que podemos encontrarnos en las figuras va desde el rojo, ocre, amarillo, blanco hasta el negro. Estos colores se realizaban a base de frutos, plantas y rocas molidas y se utilizaba sangre y/o grasa animal para hacerlo.
Su guía, Sofía nos contó que este sitio arqueológico es el más importante de la Patagonia y fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por Unesco en 1999. Las visitas se hacen cada una hora y se accede por un sendero de pasarelas con vistas increíbles del lugar, que te trasladan en el tiempo. Al llegar o al salir también hay un espacio común donde se puede comer o descansar y un museo con muchos objetos de la Cueva, que vale la pena recorrer.
Nuestro próximo destino la localidad de Perito Moreno, la capital del arte rupestre, donde conocimos el Museo Carlos Gradín, que lleva su nombre por el topógrafo que en 1964 inició las primeras exploraciones en Cueva de Las Manos.
En este lugar inaugurado en 2018, el objetivo es recuperar, proteger, investigar y divulgar el patrimonio cultural y natural de la zona, haciendo hincapié en los primeros cazadores y recolectores, y su legado. Allí se pueden observar objetos que pertenecieron a Gradín y fueron donados por su familia, interpretar un poco más la técnica de pintura rupestre y ver cómo los arqueólogos analizan los objetos encontrados. También el lugar tiene un recorrido para niños que explica en un lenguaje más simple, un área lúdica y un personaje animado “Chulito” la vida de nuestros antepasados.
Después de una rica merienda en Salón Iturrioz, pasamos la noche en la hostería municipal Guillermo Bilardo, un cómodo hotel con vistas a la laguna donde se podían apreciar patos y otras aves de la zona.

Bosques petrificados y Rancho Patagónico
Siguiente parada: el Parque Nacional Bosques Petrificados de Jaramillo. Allí -previo a la explicación y muestra de objetos del guardaparques- recorrimos un sendero en forma de ocho donde se encuentran los bosques petrificados con más de 150 millones de años.
Hubo un tiempo en que el clima en la región era templado. No existía la cordillera de Los Andes, y florecía allí un bosque de araucarias. Años después la actividad volcánica se intensificó y comenzaron los fuertes vientos, los árboles cayeron y se cubrieron de ceniza volcánica. El lugar se convirtió en un lugar casi desértico y sus troncos de más de 35 metros de largo y 3 metros de diámetro, son los árboles petrificados más grandes del mundo. Desde 1954 es Monumento Natural Nacional y si bien llueven muy poquitos milímetros al año pudimos ver algunos animales de la zona pasando por el lugar, la mayoría son lagartijas.
A solo 38 kilómetros del bosque nos sumergimos por un sinuoso camino de ripio en una nueva experiencia: El Rancho Patagónico, una estancia que comprende más de 10 mil hectáreas, con tres construcciones principales de piedra fabricadas hace más de 100 años. Una vivienda principal donde se alojan los huéspedes, una secundaria donde habitan los caseros y un galpón con rastros de maquinarias de campo, de esquila de ovejas y herramientas.
Antes de llegar, su propietario Nelson Mazquiarán, nos contó que se encargó personalmente de que cada objeto sea de los años 40, ambientó los lugares con molino, pozos de agua, hornos artesanales y hasta un fogón en la entrada. Los caseros, Susana y Ángel, un matrimonio que nos esperó con comida cacera y buenos vinos, nos dieron más detalles de la vida en ese lugar.
Nos alojamos en la casa de huéspedes, que tiene dos dormitorios principales con camas de bronce, farol de noche, baúles, mantas y aperos gauchos y los bautizaron Amanecer y Atardecer porque uno recibe la salida del sol y el otro el ocaso. Las habitaciones tienen la particularidad de no tener cortinas para que ingrese la luz en su esplendor. Hay una tercera habitación, con varias camas, para grupos de amigos o familias numerosas.
Si el clima lo permie el lugar es ideal para ver un espectáculo de estrellas, y solo una hora al día hay conexión de wi-fi. El lugar invita a concentrarse solo en disfrutar el sonido y vistas de la naturaleza.

Jaramillo y Fitz Roiy
Desde el Rancho nos fuimos a almorzar a Jaramillo que junto a Fitz Roiy, son dos localidades contiguas de 400 habitantes cada una, ambas a la vera del trazado ferroviario y que se caracterizan por la construcción de edificios tradicionales de chapa, madera y pintorescas casas de piedra construidas a principios de los años 1900. Allí sus excelentes anfitriones nos esperan con un cordero al asador, panes y tortas fritas caseras.
Después recorrimos el Museo “Facón Grande” que conmemora las huelgas sucedidas en territorio santacruceño entre 1920 y 1921, que fue llevada a la pantalla grande en “La Patagonia Rebelde”, interpretada por Federico Luppi.
“Facón Grande”, el entrerriano, salió al frente de la defensa de los peones rurales (aunque él no lo era) porque comprendió que era justo defender a los trabajadores de la tierra contra la explotación del latifundismo creado por Roca. El día 22 de diciembre de 1921, en la estación Tehuelches, José Font y la asamblea organizaron la rendición pero fue traicionado y fusilado junto a muchos de sus compañeros. En el museo hay estatuas que recrean el fusilamiento y literalmente ponen “la piel de gallina”.
En tanto en Fitz Roy fue inaugurado recientemente el denominado “Museo Rural” que recrea la historia de la producción ganadera en los campos de la zona. Además de los implementos de las labores en los establecimientos se destaca la historia del ramal ferroviario. (DIB)