La vecina Sol Alfonsín, usuaria de silla de ruedas, compartió un análisis sobre las condiciones actuales de accesibilidad y el uso del espacio público en la ciudad.
A través de su relato en primera persona, expuso las dificultades que enfrenta diariamente para desplazarse de manera autónoma, haciendo hincapié en que, si bien se observan ciertas mejoras en puntos específicos, la infraestructura urbana aún presenta barreras significativas.
La joven explicó que la falta de rampas adecuadas o el mal estado de las veredas la obligan, en reiteradas oportunidades, a transitar por la calzada junto al tráfico vehicular. Esta situación conlleva un riesgo para su integridad, especialmente en zonas donde el respeto por las prioridades de paso es escaso.
Asimismo, mencionó que la presencia de vehículos estacionados sobre las aceras y la colocación de contenedores de residuos obstruyen los senderos peatonales, forzándola a realizar desvíos extensos.
Vale recordar al respecto que la morma que regula la ocupación de las veredas, exige dejar un espacio libre de 1,50 metros para garantizar el paso de cualquier peatón. Alfonsín señaló que hubo mejoras en el radio céntrico con la construcción de nuevos vados y el reordenamiento de las esquinas, aunque remarcó que el desafío de una ciudad integrada requiere de una mayor empatía por parte de todos los ciudadanos en el cumplimiento de los establecido para la convivencia.
Finalmente, destacó que la respuesta de algunos comerciantes barriales ha sido favorable, ya que han decidido realizar reformas en sus accesos tras conversar sobre sus necesidades.
La vecina concluyó su exposición solicitando que la autonomía de las personas con movilidad reducida sea un eje de consideración permanente para toda la sociedad, evitando que el desplazamiento por la vía pública se convierta en una serie de obstáculos constantes.

