Sentía la necesidad de escribir algo. No sé si para entenderlo, para descargarme o simplemente porque hay cosas que uno necesita sacar para afuera.
Primero se fue mi viejo. Después el Lombriz y ahora Pablito. Sinceramente no sé cómo explicar lo que se siente para los que crecimos viviendo la paleta y pasando tantas horas adentro del Club de Pelota Chascomús.
Porque para muchos capaz era solamente un deporte. Pero para nosotros era mucho más que eso. Era amistad, competencia, viajes, terceros tiempos, nervios antes de entrar a la cancha y recuerdos que quedan marcados para toda la vida.
Y ellos eran parte de todo eso.
Cuesta entrar al club y no pensar en ellos, porque dejaron huella de verdad. Pero al mismo tiempo también pienso que eso habla de lo hermoso que tiene este deporte y este lugar: la cantidad de vínculos, amistades y momentos que nos regaló durante tantos años.
Y aunque hoy me salen sus nombres porque son pérdidas muy cercanas y muy fuertes, también es imposible no pensar en tantos otros que ya no están y que fueron igual de importantes para la historia del club, de la paleta y de todos nosotros.
Porque al final, los clubes están hechos de eso. De personas. De historias. De recuerdos que quedan viviendo para siempre en una cancha, en una charla o en un simple “¿te acordás de…?”.
La pelota va y viene, los partidos pasan, pero las personas que uno conoce gracias a esta pasión quedan para siempre.
Y ellos van a quedar para siempre en el recuerdo del club y de todos los que tuvimos la suerte de compartir algo con ellos.
Por @jm_arguello
Fotografía @daguerre

