Por el Dr. Santiago Dos Santos
Hola, ¿cómo están? Hoy quiero hablar con ustedes de algo que no se ve en una radiografía ni se escucha con el estetoscopio, pero que pesa, duele y puede incluso matar: la salud mental.
La salud mental no es solo «no estar loco», como a veces se dice de forma despectiva. Es mucho más. Es cómo pensamos, cómo nos sentimos, cómo nos relacionamos con los demás y cómo enfrentamos el día a día. Es parte de nuestra salud total, igual que el corazón, los pulmones o el hígado.
– ¿Qué cosas pueden afectar nuestra salud mental?
Muchísimas. Algunas de las más comunes son:
Estrés crónico, por trabajo, dinero o problemas familiares.
Violencia o haber sufrido abusos.
Soledad profunda o falta de redes de apoyo.
Consumo problemático de sustancias.
Trastornos mentales previos como depresión, ansiedad, trastorno bipolar.
Pérdidas importantes: la muerte de un ser querido, una separación, quedarse sin trabajo.
Y también cosas que a veces pasan desapercibidas, como el agotamiento emocional, el bullying, la discriminación o el vivir en un entorno donde no se puede hablar de lo que uno siente.
– ¿Cómo se llega a tomar la decisión de intentar suicidarse o suicidarse?
El suicidio no es un acto impulsivo que surge de la nada. Es el resultado de un proceso complejo y doloroso que se desarrolla a lo largo del tiempo. Este proceso, conocido como proceso suicida, suele seguir varias etapas:
Acumulación de problemas sin resolver: dificultades personales, familiares, laborales o económicas que se van sumando.
Acumulación de conflictos: internos y externos, que generan una sensación de agobio.
Crisis emocional: donde la persona siente que no puede más.
Pensamientos negativos persistentes: ideas de inutilidad, desesperanza o auto-desprecio.
Ideación suicida: pensamientos sobre la posibilidad de quitarse la vida.
Planificación: elaboración de un plan concreto para llevar a cabo el suicidio.
Intento de suicidio: ejecución del plan, que puede o no resultar en la muerte.
Es fundamental entender que la mayoría de las personas que intentan suicidarse no desean morir, sino que buscan desesperadamente poner fin a un sufrimiento insoportable. Como señala el Manual MSD, los intentos de suicidio suelen ser una manifestación de un dolor emocional intenso y prolongado.
– Estadísticas recientes en Argentina
En Argentina, el suicidio es una de las principales causas de muerte no natural. Según datos del Ministerio de Salud, entre 2018 y 2020 se registraron 3.642 muertes por suicidio, de las cuales el 72% correspondió a hombres y el 26% a mujeres. Los grupos etarios más afectados fueron los de 20 a 24 años y de 25 a 29 años.
Además, la tasa de mortalidad por suicidio disminuyó de manera constante entre 2000 y 2020, de 12,4 muertes por cada 100.000 habitantes a 9,0, pero luego aumentó ligeramente a 9,1 en 2021 .
Estos números reflejan una realidad preocupante y subrayan la necesidad de abordar la salud mental como una prioridad de salud pública.
– ¿Cómo se advierte que alguien está en crisis? ¿Cuándo hay que estar alerta?
Estas señales pueden ser un grito silencioso de ayuda:
Cambios bruscos de ánimo.
Aislamiento social repentino.
Comentarios como “no valgo nada” o “sería mejor desaparecer”.
Descuido personal: no comer, no dormir, no bañarse.
Dejar de hacer cosas que antes le gustaban.
Regalar objetos importantes, despedirse de forma inusual.
Y por supuesto: hablar de suicidio, aunque sea en forma de chiste.
No hay que minimizar ni quedarse callado. Escuchar con empatía, sin juzgar, puede salvar una vida.
– ¿Qué podemos hacer como personas comunes?
Escuchar. A veces, eso ya es suficiente.
Preguntar sin miedo: “¿Estás bien?”, “¿Has pensado en hacerte daño?”.
No sermonear, ni decir “hay gente peor que vos” o “poné voluntad”.
Acompañar, ofrecer ayuda concreta: ir juntos a una consulta, buscar un profesional, llamar a una línea de ayuda.
– ¿Y el sistema de salud está preparado? ¿Responde?
La realidad es compleja. El sistema tiene recursos, pero no siempre suficientes ni accesibles. Faltan psicólogos, psiquiatras, espacios de contención, y muchas veces hay listas de espera eternas. Además, no se invierte lo necesario en salud mental: ni en prevención, ni en acompañamiento sostenido.
Hay profesionales comprometidos, claro que sí. Pero el sistema responde a medias, tarde o con burocracia. Y mientras tanto, la persona sufre en silencio.
– Entonces, ¿qué nos queda?
Nos queda hablar. Nos queda mirar al otro. Nos queda tender la mano. Porque prevenir un suicidio es posible, y muchas veces es tan simple como estar
presentes. Porque la salud mental no es un lujo, es un derecho. Y porque nadie debería sentirse tan solo como para pensar que su vida no vale.
Cuidarnos también es eso. Hacer lugar para la escucha, para el abrazo, para la palabra justa a tiempo. Y exigir, sí, exigir que el sistema dé respuestas reales, humanas, accesibles.
Gracias por estar del otro lado. Y recordá: no estás sólo. Pedir ayuda no es debilidad, es un acto de valentía.
Si vos o alguien que conocés está atravesando una crisis, buscá ayuda: hablá con un profesional, acudí al hospital más cercano o llamá a una línea de emergencia. En Argentina, podés llamar las 24 horas al 135 (desde CABA) o al 0800 345 1435 (desde todo el país).o www.hablemosdetodo.gob.ar
Dr. Santiago Dos Santos

