Cinco años que dejaron huella en la forma de ser de Francisco

Quienes más lo conocen dicen que lo extraordinario de Francisco es que, a nivel personal, no cambió después de cinco años de pontificado. Aseguran que sigue siendo él mismo y que «no se la creyó», como diría él mismo, en porteño.
Pero la verdad es que desde el 13 de marzo de 2013, cuando Jorge Bergoglio se convirtió en el primer papa latinoamericano y jesuita de la Iglesia Católica, e inició un pontificado marcado por fuertes innovaciones y un regreso a la esencia del Evangelio, con la atención puesta en los más pobres, en los «heridos» de hoy, sí se produjeron cambios en su persona.
Dentro del Vaticano, un monseñor que prefirió el anonimato destacó como un cambio evidente que «el papa Francisco, aunque representó un tsunami para la curia romana, en estos cinco años también aprendió varios códigos», por lo que ya no existe esa falta de apego al protocolo que tuvo al principio.
«Aunque tampoco perdió esa autenticidad y espontaneidad con la que logra empatía con los diversos jefes de Estado y de gobierno de todo el mundo que suelen hacer cola para ser recibidos en audiencia», agregó la misma fuente.
Hablando de política exterior, dentro del Vaticano también destacan que en estos cinco años «el Pontífice fue poco a poco conociendo en profundidad no solo las diversas situaciones políticas del planeta, sino también, la situación de las diversas diócesis, algo que le dio más confianza y audacia a la hora de tomar decisiones diplomáticas y eclesiales».
En un plano más personal, varios analistas subrayan la alegría, cercanía y paz interior que el Papa transmite actualmente, que antes de ser elegido no se percibía.
En vísperas del cónclave que eligió al primer papa que decidió llamarse Francisco, por el santo de Asís, protector de los pobres y de la naturaleza, el entonces arzobispo de Buenos Aires tenía 76 años y se preparaba para jubilarse. Ya había presentado su carta de renuncia, que esperaba que Benedicto XVI aceptara, y hombre metódico y organizado, ya tenía reservada la habitación número 13 de la planta baja del Hogar Sacerdotal de Flores, casa donde había vivido siendo vicario de esa localidad porteña.
«Me acuerdo que lo entrevisté varios años antes de ser papa, durante un sínodo, y claro, era una persona totalmente distinta. No diría distante, pero tampoco cercano. Fue una entrevista puramente profesional que él recortó lo máximo que pudo, estuvo amable, pero estrictamente laboral. Y eso ha sido un cambio espectacular: cómo se comporta ahora con los periodistas en las conferencias de prensa en el avión y cómo se comporta con la gente, con esa cercanía que entonces me parece que no tenía», afirmó Antonio Pelayo, veterano vaticanista y corresponsal de Antena Tres TV.

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